Finalmente, la dirección nacional del PP decidió anunciar que Francisco Camps será cabeza de cartel en las elecciones autonómicas de mayo. Ya he escrito lo que pienso del fondo del asunto varias veces. Creo de verdad que el presidente de la Generalitat no es un político corrupto. Sinceramente lo creo. Pero a la vez creo que no debía presentarse. ¿Por qué? Porque considero la ejemplaridad como un valor imprescindible en la política, y su comportamiento ha sido cualquier cosa menos ejemplar. El posibilitó que se le abriera la puerta en la Comunidad que preside a una trama delictiva de personas que, gracias a su proximidad con el presidente, hicieron negocios presuntamente ilegales. Y aceptó unos regalos del cabecilla de esa trama. Y negó haberlos recibido y casi conocer al famoso “Bigotes”, Alvaro Pérez. Y se ha negado reiteradamente a dar explicaciones. Y ha respondido en varias ocasiones con desplantes impropios de quien ostenta un cargo de esa responsabilidad. Y está pendiente de ser juzgado por un presunto delito de cohecho impropio. Argumentos todos ellos suficientes para que, al decir que se presente, el PP y Mariano Rajoy nos esten transmitiendo un mensaje de condescendencia hacia estos comportamientos que me parece  reprobable.

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Penalmente, en el PP hay diferencia de opiniones respecto a qué ha de hacer el presidente de la Generalitat. Un sector, mayoritario,  del partido le recomienda aceptar una sentencia de conformidad antes de las elecciones de mayo. Es decir, un pacto que sería como decir soy inocente, pero para no seguir desgastando al partido en mi defensa, acepto la culpabilidad y el pago de una multa, y me presento a las elecciones sin el horizonte de sentarme en el banquillo ante un jurado popular, y el que no quiera que no me vote. Quienes defienden esta tesis creen que es una buena salida que resta argumentos a los adversarios, y que acaba con el discurso de que no puede presentarse a alguien que ha de comparecer como acusado en un juicio. Y el otro sector, minoritario, que cree que debe presentarse, articular un discurso de campaña cuyo eje sea me presento porque soy inocente, me voy a defender, y si fuera condenado garantizo que en ese mismo instante dejo la presidencia y la política de modo que los valencianos no estarán un minuto presididos por un condenado, y cada cual que vote lo que crea. Y Camps, según fuentes de Génova 13, “un dia se inclina por lo uno y al siguiente por lo otro, por la mañana dice que aceptará una sentencia de conformidad y por la tarde que no, está hecho un lío”.

Esta es la realidad de la situación. Insisto en que creo de verdad que Camps no es corrupto, pero no me parece presentable que vaya a ser cabeza de cartel en estas condiciones. Veremos qué decide. Si quieren mi impresión, aquí la tienen. A día de hoy, la decisión de Camps es inclinarse por la segunda opción, es decir, no aceptar una sentencia de conformidad, presentarse, y esperar al juicio de septiembre u octubre. Tiene la suerte de que el PSOE es un partido que no existe en la Comunidad Valenciana, con un pésimo candidato, enredado en mil batallas internas, y sin posibilidad alguna de evitar la mayoría absoluta del PP presenten a quien presenten los populares. Camps ganará las elecciones. Pero de verdad pienso que ni el ni su partido podrán estar orgullosos.