El Ministerio Fiscal acusa a Francisco Camps de un delito continuado de cohecho impropio por aceptar entre 2005 y 2008 doce trajes, cuatro chaquetas, cinco pares de zapatos y cuatro corbatas, valorado todo ello en 14.000 euros, y pide que sea condenado a una multa de 41.250 euros. Parece evidente a estas alturas que va a celebrarse juicio oral. Según el escrito de acusación,  los acusados “aceptaron esos regalos sabedores de que les eran entregados en reiterada consideración al cargo público que ejercían y desde el que podían tomar decisiones o desplegar su personal influencia”. Esto es lo que hay. No le acusan de financiación ilegal de su partido, es verdad y es importante a efectos políticos para el PP. Pero no estamos ante un asunto de cantidad, sino de carácter cualitativo. Digan lo que digan quienes le defienden a capa y espada, son unos regalos y unas cantidades que se salen de los usos sociales habituales. Y si se acredita que se produjeron esos regalos, y así parece que sucedió, Camps además habría mentido públicamente. En esta tesitura, no debe ser el candidato del PP a las elecciones autonómicas.

Creo que debiera ser el propio Camps quien renunciara, y le ahorrara a su partido el calvario que le espera. Si no lo hace, es el PP, la dirección nacional, quien debe tomar la decisión para evitar presentar de cabeza de lista a una persona imputada por cohecho. Todo lo que no sea esto erosionará a un partido que se presenta como alternativa de Gobierno en España. Camps tiene, como todos los ciudadanos, el derecho a la presunción de inocencia. Pero pesa sobre él ya esta acusación del fiscal. Y en política, lo ejemplar, lo que quieren los ciudadanos, es que se defienda desde fuera, sin ocupar un cargo público y si resulta absuelto, si los jueces consideran que es inocente, puede volver a la política con su honorabilidad a salvo, y si es condenado, abandonarla para siempre. Su empecinamiento en el sostenella y no enmendalla, su apego al poder, le ha hecho mucho daño a él y a su partido, pero está a tiempo de evitar daños mayores. Allá el, su conciencia y la decisión que tome Rajoy.

Es cierto que no ha sido acusado de cochecho propio, es verdad que no hay acusación de financiación ilegal, no es discutible que el Supremo ha establecido doctrina en contra en el asunto de los regalos a José Bono, es real que la Fiscalía Anticorrupción ha aplicado muchas veces diferente vara para medir al PP y al PSOE, no tiene discusión que el “Caso Camps”, comparado con el “Faisán” y otros que afectan al PSOE es de orden muy menor y Camps puede hasta estar satisfecho con la petición fiscal porque después de todo lo escrito y filtrado intencionadamente desde Interior la cosa pintaba mucho peor, y hay casos como el de Soria en Canarias. Estos son los argumentos que se envían a los medios desde el PP para atemperar la que se avecina. Pero, con ser cierto todo eso, no obsta para que la situación de Camps, en términos políticos, éticos y morales, no tenga asidero posible desde una posición de defensa de la ética en la política, de la ejemplaridad, de la honradez en quienes gestionan la cosa pública.

Y para terminar, señor Camps, mofarse de la prensa, sea de Roures o de cualquier otro, está muy feo. Tan feo como las risas y comentarios cómplices de Manuel Villalante, director general del Ministerio de Fomento (PSOE), y de Lluis Recoder, conseller catalán de Territori y Sostenibilitat (CiU). Preguntar no es de mal gusto, es obligación de los periodistas. Lo que es de mal gusto es presentarse a unas elecciones estando acusado de cochecho impropio continuado y calificar a quien cumple su obligación de periodista calificándole de “pequeñito”. Por cierto, señor Camps, le retrata su apostilla, “sí, esto es constante” al lamentable comentario del socialista Villalante al afirmar que aunque hay “quien está acostumbrado, pero hay que saber mentir bien”. Vaya pareja. Y todo ello en un acto con la bandera europea, muy pomposos, ustedes. Una vergüenza.

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PS.- Ayer, José Blanco, ministro de Fomento, dijo en Sevilla que Rajoy y Arenas son “poco compatibles con la democracia”. Lo que es poco compatible con la democracia es una expresión de ese calibre que le retrata a él mismo.