Ya he escrito en este rincón de información, opinión, reflexión y crítica que la sucesión de José Luis Rodríguez Zapatero se ha convertido en un culebrón que no termina nunca en el que, como en toda serie que se precie, los guionistas improvisan en función de las audiencias y los minutos de oro, es decir, en función de como evolucionan los acontecimientos, y quien hoy es héroe mañana es villano y a la viceversa. Nos habíamos quedado, y bastante en solitario, en que a día de hoy, tras varias modificaciones de la decisión inicial, y a la vista de la cruz de navajas que se ha liado en el PSOE, ZP está por la labor de volver a ser el candidato frente a Mariano Rajoy. No es una decisión irrevocable, pero es en lo que anda en estos momentos. Hay que hilar fino, estar atentos a cada movimiento y abrasar a las fuentes de información para no perderse en el embrollo. Y esta semana han pasado cosas. La penúltima, un movimiento del inefable José Bono que ha disparado algunas alarmas.

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La escenificación, perfectamente medida, del presidente del Congreso tras reunirse en su despacho de la Carrera de San Jerónimo con el presidente y su locuacidad frente al silencio de ZP han hecho pensar a la cúpula socialista que algo está pasando, “y con Bono metido en el ajo, algo sibilino y retorcido con toda seguridad”. Sucede que, calentito Rubalcaba en el horno del Faisán, y analizada la famosa frase que pronunció Bono en diciembre sobre el superministro (“la liebre eléctrica, la liebre que engaña a los perros, que engaña a las otras liebres para que corran”), algunos en Ferraz y en el Gobierno concluyen que lo más importante de la reunión de esta semana “es precisamente el momento político en que se ha producido”, y el hecho de que el propio Bono haya comentado con sus íntimos que “el presidente sabía lo que yo iba a decir al terminar la reunión, o sea, que habíamos hablado de lo que todo el mundo supone”.

La interpretación que hacen mis interlocutores socialistas (después de confirmarme el cabreo “africano” de la ministra Sinde con un servidor), es que Rubalcaba pierde enteros en la carrera sucesoria en la medida que gana terreno la sospecha de que puede terminar abrasado junto al Faisán en el horno de la Audiencia Nacional y el Supremo. Que la “Operación Chacón”, al rojo vivo, no la saca adelante ni Darth Vader porque en el partido no la ve ya casi nadie. Y que, puestas así las cosas, Bono le está calentando la cabeza a Rodríguez Zapatero con el discurso de que el PSOE sólo puede soñar con el imposible de ganarle a Rajoy las generales con un discurso “que pueda calar en el centro y captar votos del centro derecha, articulando unos mensajes moderados intercambiables con los del centro derecha”, que, evidentemente, “sólo yo puedo defender con éxito”. Es decir, que el presidente del Congreso está tanteando el terreno para ver si consigue la bendición zapateril para liderar la ¿renovación? del PSOE y para aspirar “si no a ganar las generales, si a evitar una mayoría absoluta de Rajoy que podría hacer posible el sueño de volver a gobernar con el apoyo de los nacionalistas”.

Y en el Partido Popular, donde se analiza cada palabra de cualquiera de los líderes del PSOE, donde no cantan victoria por más encuestas que les presenten como ganadores por mayoría absoluta, en las conversaciones privadas se reconoce que esta operación “tendría sus riesgos para nosotros” y se considera que Bono sería “el único que podría evitar el batacazo”.

O sea, que las alarmas se disparan de nuevo. Y ZP, cuyo cabreo con Rubalcaba no ha amainado, escucha, medita, reflexiona, y hace creer a los que mejor le conocen que lo único que tiene decidido “es agotar la legislatura y, a día de hoy, ser el cabeza de cartel, asumir la derrota dignamente y poner en marcha el proceso sucesorio con un Congreso”. Pero a la vez, insisten: “Esto cambia cada día, cada hora, y lo que hoy es blanco mañana puede ser negro”. Los culebrones son así, ya se sabe: Amor, desamor, odio, pasión, separación, reconciliación, amor, desamor……..