Escribo estas líneas desde el Soho neoyorkino, aún impresionado por la belleza de ese símbolo del renacer de la arquitectura y el dinero en que se ha convertido el formidable rascacielos de más de 75 plantas, vanguardista, magnético, colosal, hipnótico, portentoso, titánico, grandioso, imponente  situado en el 8 de la calle Spruce, muy cerca del puente de Brooklyn, cuya impactante silueta ha contribuido a renovar el skayline de NYC y con el que el polémico Frank Gehry ha logrado hacerse un sitio definitivo en una ciudad que hasta hace muy poco se le resistió.

He tenido la suerte de encontrarme estos días en Nueva York con gentes diversas, entre ellas, con dos relevantes políticos españoles, un socialista y un popular. No hay más tema de conversación que la crisis y sus consecuencias, la posibilidad de corregir los desequilibrios de la economía española con un gran pacto de Estado para salir del agujero, y evitar el susto que nos sitúa al borde del abismo de la intervención cada vez que España se acerca al mercado a colocar su deuda.

Pero de pronto, pergeñando esta columna de caminata entre West Broadway y Mercer, por las entrañables calles del Soho, he reparado en una coincidencia interesante en el discurso de ambos políticos que intuyo como una pista a seguir más que relevante. Y comentada en la tranquilidad de la distancia y la confianza con la que uno habla con el Océano de por medio.

Sabía que los más cualificados dirigentes del Partido Popular, con todas las cautelas, y tras insistir en que de confianza nada, “el partido hay que jugarlo y las encuestas son tóxicas y venenosas”, trabajan ya los escenarios de lo que será una victoria segura en las próximas generales, muy probablemente ya en marzo de 2012. Desean, de verdad, y Mariano Rajoy y su guardia pretoriana se emplearán a fondo en ello, un gran acuerdo con el PSOE en los grandes asuntos de Estado que posibilite encontrar salidas, recuperar el ánimo colectivo, acometer reformas de fondo y volver a colocar a España fuera del furgón de cola.

EL PRIMER EX QUE TENGA SU SITIO Y NO SEA UN ESTORBO

Y, descontado por todos que José Luis Rodríguez Zapatero no volverá a ser presidente del Gobierno, Rajoy ha encargado a sus más fieles estudiar con esmero lo que hay que hacer para que ZP sea “un gran ex presidente, el primero tras Suárez, Calvo Sotelo, González y Aznar que juegue un papel claro y relevante sin generar la inquina de adeptos y rivales, el primero que tenga su sitio, que intervenga en su condición relevante de ex, que no se convierta en un estorbo, y que se sienta y sea de verdad útil para España”.

Consideran en Génova que, sin cinismo, sin acritud, con sentido de Estado, un ex presidente puede y debe aportar su experiencia de forma clara, y ocupar un espacio que todo ex presidente debiera tener, como sucede en muchas democracias consolidadas, para expresarse y ser una pieza más del engranaje democrático por encima del encanallamiento del día a día de la política partidista.

¿Y cómo se hace eso? Reitero la pregunta a ambos interlocutores. Y ambos coinciden en la respuesta, desconocedores uno y otro de que se han producido conversaciones cruzadas. Lo primero de todo, es imprescindible que el protagonista lo desee. Y con José Luis Rodríguez Zapatero sí se da el caso. El no quiere repetir el modelo de González y Aznar y convertirse en conferenciante millonario normalmente al servicio de entidades privadas con intereses privados.  El quiere ser “un ex presidente ejemplar. Se irá a vivir a León y no interferirá en la labor de quien le suceda en el partido y en lo que haga quien presida el Gobierno con los votos del PP. Y estará a disposición del presidente, sea quien sea, para lo que él pueda aportar”, me dice el socialista. Lo de vivir en Leon no me parece a mi que sea tan evidente.

UNA PROPUESTA MUY MEDITADA

“Nosotros tenemos claro que Rodríguez Zapatero debe ser un ex presidente diferente y ha de marcar un camino para los que vengan después. Se integrará en el Consejo de Estado, pero de verdad. Incluso podría ser su presidente. Y desde el Consejo de Estado impulsará un cambio radical a una institución pensada para ser el supremo órgano consultivo del Gobierno (artículo 107 de la Constitución), que en realidad se ha convertido en un ineficaz cementerio de elefantes políticos cuyos dictámenes son irrelevantes”, me comenta el dirigente popular.

Parece que la realidad es que desde el PP se le está preparando a ZP, para cuando llegue el momento, una propuesta muy meditada, elaborada por prestigiosos especialistas en Derecho Político y Constitucional, de reformas legales para modificar a través de una nueva ley orgánica las funciones y las normas reguladoras de una institución que Rajoy considera que puede ser de enorme utilidad si entre todos nos la creemos.

Ambos interlocutores se saben, y me llama la atención, la lista de los presidentes que el Consejo de Estado ha tenido desde 1978 hasta hoy, y no se saben los Reyes Godos. Me la recitaron y tomé nota (yo sólo recordaba a cuatro): Antonio María de Oriol y Urquijo, Antonio Jiménez Blanco, Antonio Hernández Gil, Tomás de la Quadra-Salcedo, Fernando Ledesma, Iñigo Cavero, José Manuel Romay Beccaria y el actual, Francisco Rubio Llorente. He entrado en la web del Consejo de Estado y la han clavado. Sólo si de verdad están en ello es posible encontrarse en Nueva York a dos políticos españoles, uno del PSOE y otro del PP, que se conozcan al detalle una institución tan desconocida para todos los españoles. Hago una comprobación. Llamo por teléfono a seis diputados de seis formaciones políticas diferentes. Les pregunto si me pueden echar una mano, necesito la lista de los presidentes del CE. El que más nombres pudo darme me facilitó cuatro.

ESTO ES LO QUE SE CUECE EN LA COCINA DE PP Y PSOE

ZP sabe cuales son las intenciones del PP y no sólo no le hace ascos a la idea, sino que incluso tiene a algún jurista de su confianza trabajando en la misma línea, pensando posibles aportaciones para convertir al Consejo de Estado en una institución útil y respetada “y no en el jarrón chino que es ahora”. Pero el presidente va más allá, y trabaja con la hipótesis de compatibilizar un puesto en el Consejo de Estado, no la presidencia, con un cargo de carácter internacional, probablemente relacionado con los derechos humanos. No tiene intención, por ahora, de hablar con nadie que se salga de su círculo de máxima confianza del asunto, pero, me dicen, “no es idiota y sabe que sólo un milagro que no va a suceder podría hacer que siguiera en la presidencia del Gobierno, y tiene claro que quiere vivir en la tierra, no ser un estorbo, cumplir con sus obligaciones, marcar distancias con lo que hacen Aznar y González e intentar aportar”.

No es un cuento de Reyes. Es una realidad interesante. Son datos de lo que se cuece en la cocina de los dos grandes partidos. Y digo yo, si todo está tan claro, ¿no habrá nadie capaz de hacerle ver a ZP que cuanto antes mejor, que este calvario puede perjudicar los intereses de España, que cada día son más los que consideran, yo entre ellos, que es necesario acabar con esta agonía y convocar elecciones?. Mi amigo del PSOE me dio una respuesta: “No lo hará, en ningún caso. Está convencido de que es lo mejor para España, de que los mercados nos lo cobrarían caro”. El diseña su futuro sin soltar prenda. Es un hombre complejo. Va a aguantar la legislatura y sólo se volverá a presentar si cuando llegue el momento se ha producido el milagro. Y como no se va a producir, no nos queda más que esperar que la sangría no acabe con nosotros. Porque los Reyes Magos, como no podía ser de otra forma, nos han traído carbón a mansalva. Es lo que tiene hacer las cosas mal de año en año.


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