El pacto social sobre pensiones alcanzado ayer, que será ya hoy proyecto de ley tras el Consejo de Ministros y que será retocado después durante su tramitación parlamentaria, es un éxito indudable del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y de los sindicatos. En síntesis, el acuerdo entre el Ejecutivo y los sindicatos, que ha contado con el visto bueno verbal de Mariano Rajoy y del presidente de la patronal, Joan Rosell, fija le edad mínima de jubilación en los 63 años, dos más que actualmente y retrasa la edad real de jubilación de los actuales 63,2 años a los 65,5 años en 2027. Es decir, que los trabajadores que para entonces hayan cotizado 38,5 años podrán jubilarse a los 65 recibiendo el 100% de la base reguladora. Aquellos que no alcancen ese período de cotización deberán jubilarse a los 67 si no quieren ver penalizada su pensión. Todas las medidas que se van a adoptar se van a ir implantando de modo gradual entre 2013 y 2027, lo que supone que va a afectar a todos los que hoy tienen menos de 50 años. El acuerdo adopta como factores para calcular la pensión el crecimiento económico y la evolución demográfica. Lo pactado ayer no es una reforma de carácter radical que de al traste con el sistema actual. Es fruto de una negociación en la que las dos partes han cedido con un objetivo común: prolongar la vida laboral de los asalariados. Se ha optado por un periodo transitorio que comienza en 2013 y finaliza en 2027 de modo que la vida laboral crece a un ritmo de un mes y medio por año.

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No soy un experto y antes de conformar un criterio claro necesito hablar y escuchar a quienes sí lo son, pero en términos políticos creo que es un acuerdo inicialmente razonable que persigue hacer viable la garantía del actual sistema de pensiones, del que reciben ingresos a día de hoy 8 millones de ciudadanos. Seguro que de aquí a 2027 se retocará el acuerdo, pero percibo una base más acorde con la realidad en lo pactado ayer, y el interés general es sin duda hacer viable un sistema que hoy estaba en peligro por un evidente desequilibrio financiero. Además, me parece un acuerdo necesario que desbloquea una situación que resultaba axfisiante y que aliviará al “señor Mercados”.

Además este acuerdo acredita que el sistema de pensiones podía tocarse y pone en marcha unas modificaciones que deberán ir corrigiéndose en función del crecimiento económico periódicamente, siempre con el objetivo de preservar los derechos de los trabajadores de modo viable y realista, y no bajo criterios ideológicos alejados de la realidad. Ojalá a partir de ahora, y en beneficio de todos, y al margen de estrategia partidarias y electoralistas, sea posible que Gobierno y oposición sigan adoptando las medidas necesarias para sacar a España del agujero en el que se encuentra, para lo cual es imprescindible reactivar la economía y comenzar a generar empleo, la clave del asunto y la materia que de verdad preocupa a los ciudadanos.

CAMPS Y LA DOCTRINA BONO Y CHAVES

Una vez que el magistrado José Flors ha concluido la investigación del “Caso Camps“, cuando conozca el criterio de las partes personadas en el sumario, en pocas semanas, dictará un auto en el que decidirá si sienta o no en el banquillo de los acusados al presidente de la Generalitat y otros ex altos cargos valencianos por aceptar regalos de la Gurtel. Francisco Camps declaró ayer que espera que la Fiscalía le aplique la “doctrina Bono” o la “doctrina Chaves” y solicite el archivo de las actuaciones. La petición del presidente de la Generalitat es una petición al fiscal para que actúe de modo parcial y no defendiendo el interés general. Critiqué al Ministerio Público cuando archivó tanto el asunto de Bono como el de Chaves y con la misma convicción cesuro el comportamiento de Camps, impresentable al reclamar al fiscal que haga lo que su partido, el PP, le ha reprochado antes cuando se trataba de su adversario político. ¡Que verguenza!

Los antecedentes del caso invitan a pronosticar que el magistrado va a abrir juicio oral y va a sentar en el banquillo a Camps. Si esto sucede, el PP y Mariano Rajoy estarán ante el dilema de si presentar como candidato a alguien que va a ser juzgado como acusado. Yo lo tengo claro: sería lamentable que aspire a presidir una Comunidad una persona pendiente de ser juzgado. Un envite de primera en un momento políticamente trascendente. Lo tengo escrito. Ejemplaridad. Una ejemplaridad que ha brillado por su ausencia en el comportamiento del presidente de la Generalitat.

@ALEXDELAIGLESIA Y LA MINISTRA PESADILLA

La ministra de Cultura, Angeles González Sinde, ha maniobrado entre bambalinas para evitar que el dimitido presidente de la Academia de Cine, Alex de la Iglesia, presidiera la Gala de los Premios Goya una vez que ha anunciado su decisión de abandonar. Que verguenza. La señora Sinde no debiera hablar si no es en presencia de su guionista, pero lo malo es que ella es su propia guionista, y le persigue el título de su último trabajo, dirigido por Albacete y Menkes, “Mentiras y gordas”.

Soy miembro de la Academia, periodista, productor y bloguero. Mi amigo, a quien además admiro, Alex de la Iglesia (que ya es, desde su aterrizaje arrollador en Twitter @alexdelaiglesia para siempre), creo que se ha equivocado anunciando su intención de dimitir y posponiendo su salida. Lo adecuado creo que habría sido esperar a que se celebrara la Gala y dimitir a continuación. Pero dicho esto, la irrupción de la ministra en la polémica es infumable, propia de una concepción bananera de la función de los políticos. Por muy miembra de la Academia que sea la señora González Sinde, su condición de ministra debiera haberla llevado a abstenerse de maniobrar para desalojar a toda prisa al presidente y colocar a alguien de quien ella pensaba que podía resultar más cómoda para sus intereses políticos. El miedo de la ministra es que @alexdelaiglesia incendie la Gala de los Goya utilizándo el evento para ponerla a caldo por su malhadada Ley. Eso es no conocer al director y presidente.

Finalmente el bueno de @alexdelaiglesia y su junta directiva adoptaron la decisión más sensata: seguir al frente de la Academia y convocar elecciones, que se celebrarán en tres meses más o menos. E Iciar Bollaín le dió otra lección a la ministra al dejar clar que si @alexdelaiglesia se iba, ella lo hacía detrás. No todos somos iguales señora ministra. Todavía hay gente a la que el poder no le trastorna y que podrdemos acertar o equivocarnos, pero sin recurrir jamás a las mentiras y gordas, a los tejemanejes, a las batallitas de poder, a amarrarse al cargo, a anteponer los intereses personales a los generales. Le propongo a la señora Sinde un título para su siguiente guión: La ministra pesadilla. Como anillo al dedo le va.