Felipe González, nuestro ex presidente del Gobierno, tiene últimamente una tendencia a bucear de modo cínico y un tanto siniestro en lo más oscuro de su pasado. Cada poco le concede una entrevista a algún periodista amigo y él solito se mete en el jardín. Ayer, en Los Desayunos de RTVE, sin que la entrevistadora, Ana Pastor, le preguntara nada sobre su pasado, cuando le inquiría acerca de si consideraba que, de aparecer su nombre en las encuestas, aparecería con mejor valoración que José Luis Rodríguez Zapatero, respondió: “Sí, sí, probablemente, y mejor que otros compañeros que aparecen, mejor que Zapatero, probablemente, porque la memoria es engañosa, llevo tanto tiempo fuera del Gobierno que la gente me quiere y me aprecia más. Ya sabe, se ha olvidado de las barbaridades que hice y van aflorando las cosas positivas que hice”.

Si no fuera terrible sería patético. Es un ejercicio de chulería incomprensible. Por tercera vez en poco tiempo vuelve a resucitar la sombra del terrorismo de Estado que se practicó siendo él presidente del Gobierno. El solito, sin que nadie le pregunte. Como que le pone. Es una provocación inadmisible, una chulería repulsiva ética, moral y políticamente. Si tiene problemas de conciencia, que reconozca de una vez sus responsabilidades. Si es el cumplimiento de algún pacto, que lo diga claramente. Si tiene algo que decir, que lo diga de una vez. Pero este ejercicio reiterado de remover un episodio negro de la historia de España del que fue protagonista principal, un asunto gravísimo que tanto daño hizo a su país y a la lucha contra el terrorismo, es intolerable. Y después dice, o dicen otros, que algunos están o estamos obsesionados todavía con los GAL.

No alcanzo a comprender como quien le entrevistaba dejó pasar esa afirmación sin preguntarle a qué se refería. Respeto el derecho de cada quien a entrevistar como considere conveniente, pero me parece un trabajo mal hecho. Ante una afirmación de ese calibre me parece inexcusable preguntarle cuáles fueron esas barbaridades, exigirle una aclaración, por respeto a los espectadores. Pero no fue así y habrá que esperar a la siguiente entrevista. Esperemos que quien tenga la fortuna de hacérsela tenga a la vez el coraje de entrar a fondo en el asunto.

Iba a escribir sobre ETA, pero prefiero esperar unas horas más para escuchar más reacciones  al vomitivo espectáculo de ayer con esos tres asesinos encapuchados amenazando a los españoles y exigiendo contrapartidas políticas para dejar de matar. ¡¡¡Que barbaridad!!!