La crisis que padecemos en España desde hace muchísimos meses va más allá de la cuota parte que nos corresponde de la que afecta a toda la comunidad internacional y no es solo económica. Vivimos en un estado de alarma política que hace insostenible la situación y creo de verdad que cada día que se prolonga esta agonía del zapaterismo constituye un drama para nuestra sociedad y dificulta y complica las posibilidades de recuperación económica y de regeneración democrática imprescindibles para salir del drama que estamos viviendo, para recomponer un país, España, que nos tienen descoyuntado y desmoralizado, y al borde del rescate financiero internacional.

Tras tres años de crisis y seis meses de agonía, la sociedad española, todos lo sabemos, reclama en un griterío sordo que la casta política no escucha cambios profundos del sistema, legislativos y de conductas, en búsqueda de una ejemplaridad que brilla por su ausencia y de una regeneración democrática que llevamos años reclamando y que los partidos políticos nos niegan por su afán de permanecer amarrados al machito, perdidos en mezquinas luchas de poder entre clanes para perpetuarse en el control de la cosa pública con formidable desprecio de los intereses generales de todos los ciudadanos españoles. El Partido Socialista Obrero Español y el Partido Popular, los dos partidos que tienen la posibilidad de cambiar el rumbo de los acontecimientos, tienen una formidable responsabilidad y si no se toman esto muy en serio pueden terminar generando un problema de incalculables consecuencias.

José Luis Rodríguez Zapatero ganó en 2008 sus segundas elecciones con un programa electoral en el que insistía en que iba a crear 1.600.000 empleos y garantizaba que el paro no superaria el 8%, en el que hablaba de acercarnos al pleno empleo, en el que garantizaba la permanencia de un Estado del bienestar que sabía insostenible, con unas políticas sociales muy concretas y garantizando que no habría recortes, defendiendo un sistema de pensiones tasado, con una política internacional basada en la filosofía de la Alianza de las Civilizaciones y en una suerte de antimiltarismo progre y antiamericanismo rancio, pregonando la regeneración democrática de las instituciones, garantizando que no habría decretazos y que se ampliarían las políticas sociales, defendiendo políticas de discriminación positiva de la mujer y de preponderancia de la mujer en los cargos públicos y apuntando internamente a una mujer como su alternativa personal a la sucesión.

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Bien, pues hoy, dos años casi y medio después, José Luis Rodríguez Zapatero está gobernando España con un mandato que le viene impuesto desde fuera de España, muy especialmente por la señora Merkel, el señor Sarkozy y el señor Obama, y no está aplicando y desarrollando una sola de las cosas que nos prometió a todos y que llevó a muchos millones de españoles a votarle para que pudiera repetir mandato como presidente del Gobierno de España. El paro ha alcanzado cotas desconocidas, el Estado del bienestar se resquebraja, las pensiones se han recortado y se van a recortar más, obedece sin otro remedio a los mandatarios de los países que representan lo contrario de lo que defendía, aplica recortes sociales de los que renegaba, el fantasma de la intervención nos acecha, nos tiene con garantías constitucionales suspendidas en aplicación de un estado de alarma insólito, ha militarizado a los controladores aéreos, la regeneración democrática es una broma, ha laminado el Ministerio de Igualdad, se ha olvidado de las mujeres de su partido con las que tenía un pacto no escrito respecto a que una mujer sería la siguiente candidata del PSOE, ha prescindido de buena parte de las mujeres a las que utilizaba como bandera de su política,….

Un elemental sentido del respeto a las reglas del juego de la democracia debiera llevarle a disolver las Cámaras y convocar elecciones generales, elaborar un nuevo programa electoral y que los españoles decidan si quieren que sean él y su partido, o su partido sin él, quienes nos gobiernen con ese programa electoral. Si esta es la política que propone ahora, que reclame el apoyo de los ciudadanos que le votaron para aplicar un programa electoral antitético de la política que está aplicando forzado por Alemania, Francia y los EEUU de Norteamérica. Si ha cambiado de opinión, que se lo explique a los ciudadanos y les pregunte a través de las urnas que partido y qué dirigentes deben tomar el mando de la nave para evitar el naufragio.

No cuestiono la legitimidad de su permanencia en el poder. No se altere el graderío. No. Pero si sostengo, como muchísimos otros ciudadanos, buena parte de ellos votantes del PSOE, que hay un déficit democrático, una fractura evidente del vínculo que une a un político con los ciudadanos al ganar unas elecciones con un programa electoral. No me parece decente aplicar una política diferente a la que ha merecido la confianza de los ciudadanos hasta el punto de llevarte al poder y, una vez instalado, hacer lo contrario de lo que has prometido a los votantes. Me parece una indecencia, y sólo puede repararlo convocando elecciones y dándole la oportunidad a los ciudadanos de que opten por quién desean que les gobierne y con qué políticas. Lo contrario me parece, simplemente, un engaño a los ciudadanos y una formidable estafa política.

Sólo pensar en que debamos estar otros quince meses soportando este calvario, produce vértigo y conduce el pesimismo generalizado hasta cotas desconocidas. El modelo que tenemos ya no sirve. No habrá recuperación económica posible sin reformas políticas de fondo que harán necesario modificar nuestra Constitución. Y para ello, el primer paso es convocar elecciones y dar paso a otro Gobierno, el que decidan los electores, que se deje de zarandajas, que se olvide de políticas partidarias y partidistas, y que, tras poner de acuerdo al Gobierno y a la oposición, ponga en marcha las reformas necesarias de modo que la regeneración deje de ser un sueño para ser un hecho. No se trata de adelantar las elecciones para que vengan otros que hagan lo mismo, que repitan el modelo. No. Se trata de que vengan otros dispuestos a jugársela por el bien de todos los ciudadanos españoles. No nos quedan muchas oportunidades.


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