El periódico El País (y The Guardian, The New York Times, Le Monde y Der Spiegel) comenzó el lunes la publicación de documentos clasificados como secretos o reservados de la Administración norteamericana filtrados por Wikileaks, la polémica organización liderada por Julian Assange. Y se ha armado la mundial. Hillary Clinton, secretaria de Estado de los EEUU ha calificado la publicación de ataque a la comunidad internacional. Muchos medios de comunicación critican a los colegas que lo han publicado y consideran que esto no es periodismo. Los líderes internacionales afectados o citados por los documentos revelados han reaccionado con templanza e ironía, caso del ínclito Silvio Berlusconi y en España ayer hubo demasiado silencio, en mi opinión, al respecto. Explico por qué.

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En primer lugar, fijo posición. Soy absolutamente partidario de la publicación de estos papeles y defiendo a Wikileaks porque soy un convencido de que los periodistas, al ejercer nuestra actividad profesional, antes que ejercitar nuestro derecho a la libertad de expresión, que la tenemos como todo el mundo, somos depositarios o intermediarios de los ciudadanos en su derecho a recibir información veraz. Por ello, las informaciones de interés público que cualquier poder, político, económico, religioso, militar…..pretende mantener ocultas deben ser publicadas si llegan a nuestro poder. No es nuestro derecho, es nuestra obligación.

Es en mi opinión incuestionable que Assange se ha convertido ya en uno de los personajes fundamentales de la primera década del Siglo XXI. Me parece un tipo más que interesante y a la vez hay algo en él que no me seduce nada, una parte de su perfil que me resulta inquietante. Ante diversos auditorios ha dicho cosas que han disgustado a la profesión periodística  que permiten entender algunas de las reacciones que ha habido en los medios a sus revelaciones: “Me ofende gravemente que me llamen periodista. Los medios de comunicación establecidos son parte del problema. ¿Por qué leer lo que ha escrito un periodista?. Los periodistas son ignorantes y tú no lo eres”. Puede que no le falte algo de razón, pero creo que a la vez que el problema, los medios son la solución, y no termino de entender que haría con nosotros este hombre, y albergo dudas de que no termine él también siendo como “los medios establecidos”. El tiempo nos lo dirá.

Y Assange ha incurrido, creo, en una contradicción al someterse a las reglas de ese periodismo tradicional de medios establecidos, cuando hasta la fecha proclamaba como su gran valor añadido y diferencial el prescindir de los grandes medios y de sus compromisos y presiones. Al asociarse a cinco grandes de la prensa mundial, Wikileaks ha aceptado las reglas que decía denostar, entre ellas la negociación con el Departamento de Estado de los EEUU para evitar la difusión de alguno de los documentos.

No cabe duda de que el desarrollo tecnológico y la aparición de internet ha revolucionado el mercado de la información, ha multiplicado de modo salvaje las posibilidades de comunicar información y de llegar al instante a milllones de personas de todo el planeta. Y ello ha puesto nerviosos a muchos medios tradicionales, a muchos magnates de la prensa, a muchos divos del periodismo. Yo creo que nuestra obligación es ser contemporáneos, aprovechar las posibilidades que tenemos al alcance de la mano, utilizar las herramientas que tenemos a nuestro servicio y ser capaces de reinventarnos. El que no lo haga creo que está perdido. Y todo ello no obsta para que, además de personas que se dediquen a hacer lo que hace un hacker informático convertido ya para muchos en gurú de los nuevos tiempos y de la democratización de la información, seguirá habiendo otros, como yo, que además de haber contribuído a grandes investigaciones periodísticas, como la de la participación del Gobierno español en la guerra sucia contra ETA, con métodos de investigación tradicionales y casi artesanales, trataremos de utilizar las nuevas posibilidades que se nos han abierto para hacer mejor nuestro trabajo.

HAY MENOS SECRETOS DE LOS QUE IMAGINABAMOS

Todo lo revelado por Wikileaks ahora, asociado a cinco cabeceras de prestigio mundial, me parece que es información relevante. Es material de alto voltaje periodístico que será además utilísimo para muchos historiadores. Casi cada uno de esos documentos, por sí mismo, serviría como tema de apertura en portada en exclusiva para cualquier periódico o informativo de radio o televisión. Es cierto que en muchos casos lo conocido no aporta nada que no se supiera o se intuyera, como la obsesión de los diplomáticos y espías americanos por asuntos banales o anecdóticos; la desconfianza supina en sus aliados; la tenacidad en el seguimiento de los asuntos de alta política que forman pate de los grandes conflictos. Es verdad que junto a análisis interesantes y certeros hay menos secretos de los que imaginábamos. Pero no es lo mismo intuir que saber, y la publicación de estos documentos nos permite tener certezas. Y estoy convencido de que van a tener consecuencias concretas en modificar los usos diplomáticos en todo el mundo, de que van a crear problemas en las relaciones con las fuentes y entre los aliados y de que van a provocar importantes cambios en los sistemas de clasificación y seguridad de los servicios diplomáticos y de información en todo el mundo.

Ayer me decía uno de los embajadores con los que pude hablar que la diplomacia sin secretos es mero ejercicio de relaciones públicas. Le respondí que estaba absolutamente de acuerdo, pero que además considero yo, y lo dice la Convención de Viena, que los diplomáticos pueden obtener cualquier tipo de información siempre que lo hagan a través de medios legales. No se ha acreditado que los EEUU hayan cometido ninguna ilegalidad, pero si demuestran estos papeles que algunas de las informaciones que reclamaban desde Washington a sus embajadas es imposible que los diplomáticos las obtuvieran por cauces lícitos. Y los cientos de miles de cables que han sido revelados ahora acreditan que los Gobiernos, no solo el de los EEUU, tienen una peligrosísima tendencia a clasificar como secretas informaciones que en democracia deben ser transparentes. Pero sobre todas las cosas, para mí, modestamente, estos documentos lo que evidencian es un deterioro más que preocupante del liderazgo político en todo el mundo, un nivel de la clase dirigente que me atrtevo a calificar de ínfimo. Esto es lo peor: en qué manos estamos.

Y en lo que respecta a España, algo bueno y algo muy malo y preocupante. Me satisface saber que un secretario de estado de Justicia se negó a poner “a las tres de la madrugada en un avión” rumbo a EEUU a un traficante de armas “porque en España los procesos se cumplen con garantías  transparencia”, como le dijo al diplomático americano que le reclamaba tal barbaridad. La pena es que este secretario de Estado, ante quien me quito el sombrero, quizá no tenga razón del todo. Porque gracias a estos documentos hemos sabido también que destacados políticos y fiscales como el mismísimo fiscal general, Cándido Conde Pumpido o el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, aportaron a la Embajada USA información precisa sobre investigaciones judiciales y favorecieron el archivo de casos tan graves como el asesinato del periodista José Couso por militares norteamericanos y las causas abiertas en España contra políticos y militares estadounidenses presuntamente involucrados en casos de torturas en Guantánamo, crímenes de guerra en Irak o secuestros en vuelos de la CIA.

¿Qué ha hecho la Administración española ante una revelación de tal gravedad? ¿Ha ordenado el Gobierno la apertura de una investigación para esclarecer hechos tan graves? ¿Cuantas iniciativas parlamentarias se han adoptado para conocer toda la verdad? ¿Algún juez o fiscal ha actuado de oficio en cumplimiento de sus obligaciones? Que yo sepa no. Ojala los familiares de Couso, que ayer anunciaron que van a emprender acciones legales, tengan suerte y la Justicia les haga caso. Es lo menos que se podría esperar de un Estado que se dice democrático.