Algo le pasa a Felipe González con su pasado más oscuro. Cuando aún retumban en las conciencias de muchos ciudadanos sus palabras en la entrevista que le hizo Juan José Millás en El País en las que venía a justificar la actuación de los GAL, ahora ha compartido sus evidentes dudas morales acerca del crímen de Estado en una entrevista concedida a Lourdes Garzón, la directora de Vanity Fair, que nada tiene que ver con el superjuez en apuros. De nuevo con cobardía, sinuoso, sin ir de frente, el ex presidente socialista le dice a la directora de este couché de elites y lujo: “Quizá esto que voy a decir vuelva a suscitar emociones. Conozco dirigentes de todas las ideologías que cuando no pueden detener a unos terroristas no sólo tienen la tentación, sino la acción, de destruirlos para defender las vidas de sus conciudadanos…Nunca, nunca decidí ni directa ni indirectamente mandar ejecutar o matar a una persona. Nunca, en ningún momento. Tengo la conciencia tranquila, pero me planteo esa duda moral que parece que ha resultado tan alarmante. En el atentado de Hipercor murieron asesinadas 21 personas. Yo estaba en Brasil y, obviamente, interrumpí la visita y volví. Esta es sólo una hipótesis, nunca se dió esa posibilidad pero, vamos a ver: ¿si pudiera haber impedido que esos tipos que iban con un coche bomba a volar Hipercor lo hicieran, incluso volando el coche con los tipos dentro, la habría hecho? Pues probablemente sí. ¿Y eso es realmente escandaloso? Puede que lo sea, pero lo digo desde el punto de vista de la responsabilidad de un gobernante, que tiene la obligación prioritaria de defender la vida de sus conciudadanos”.

¿Que le sucece a este hombre? Parece como si hubiera entrado en un estado de necesidad de justificarse, pero se arrepiente en cuanto empieza a hablar y entra en una espiral que le hace estropearlo cada vez más. ¿Cómo hemos de entender e interpretar esta alambicada hipótesis que plantea González? Uno no puede liquidar a los asesinos de Hipercor antes de que se  conviertan en tales.  Entiendo que se refiere a la hipótesis de que hubiera resultado imposible detener a los asesinos antes de consumar la matanza. Cualquiera en su lugar probablemente lo habría hecho en un ejercicio de defensa propia teniendo la certeza absoluta de que van camino de perpetrar una matanza. Es un planteamiento cobarde y tramposo, típico de este hombre que como dijo Umbral miente con una sinceridad conmovedora.Y lo dice, atentos a la foto, fumándose un puro probablemente obsequio del dictador Fidel Castro.

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Que obscenas palabras en una revista, magnífica, dirigida a las elites ricachonas con las que ahora se relaciona entre consejo y consejo, entre conferencia y conferencia. Que cinismo el suyo acusando a otros líderes internacionales de cometer actos ilegales, sin dar nombres y apellidos. Que oportunidad de callarse. Y si habla, que nos diga a quién se refiere y por qué guardó interesado silencio siendo presidente. Se defiende de sus actuaciones al frente de un Gobierno manchado de sangre justificando lo que desmiente y criminalizando a otros. Y de nuevo el acto fallido, cuando para referirse a los asesinatos habla de ejecuciones. Al hombre se le escapan las cosas entre puro y puro, entre caviar y angula, entre avión privado y limousine, entre respuesta y respuesta a entrevistas con entrevistador amable.

Felipe González, si de verdad quiere plantear el dilema moral de la guerra sucia, del crimen de Estado, debe formular la cuestión de otro modo: ¿habría ordenado volar el coche con los tipos dentro después de que estos hubieran hecho explotar la bomba en Hipercor? Ahí es donde se plantea la cuestión de fondo a la que él alude torticeramente. Es a posteriori cuando lo que se ventila es una cuestión de respetar o no las normas del Estado de Derecho, de hacer justicia o de practicar la venganza. Esta es la hipótesis que permite la comparación con los GAL, no con la que el ha trabajado en la entrevista con Garzón.

Estoy expectante por la próxima entrevista. Cómo me gustaría que se la hiciera un colega con los reaños suficientes para ir al fondo del asunto sin vericuetos, sin permitir al entrevistado lucirse en reflexiones morales de psicoanalista de tercera. Me encantaría que a la tercera vaya la vencida y el entrevistador no le deje irse por los cerros de Ubeda y le  ponga frente al dilema real, frente al juicio político y moral de lo sucedido con los GAL, que llevó a prisión bajo gravísimas acusaciones en diferentes causas a un ministro, secretarios de Estado, directores generales de la Policía y otros altos cragos policiales de su Gobierno por su responsabilidad en el secuestro de un ancinano, varios asesinatos y el saqueo de las arcas públicas en beneficio propio. Me ofrezco a ser quien le formule las preguntas. Ahí es donde le queremos ver. Explicando si tiene dudas o certezas morales sobre los 30 asesinatos de los GAL, el secuestro de Segundo Marey y los abusos cometidos en la utilización de los Fondos Reservados que debieron dedicarse a luchar contra el terrorismo y no a enriquecer las cuentas privadas de algunos altos cargos de su Ejecutivo. Quizá a la tercera, sí, podamos leer o escuchar y ver una entrevista en que que el entrevistador no tenga miedo de ir hasta el fondo. Con González nunca se sabe.