Es domingo. Me he levantado pronto. He repasado las notas que llevo escritas durante la semana. Y ante la avalancha de reflexiones jurídico-políticas tras la declaración del estado de alarma decretada por el Gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, me doy cuenta de una paradoja que sobrevolaba mi cabeza pero que no había escrito: el hombre que llego al Gobierno alardeando de talante, presumiendo de que con él al mando de la nave el Congreso sería el templo del diálogo, exhibiendo como un campeón del izquierdismo y el progresismo su antimilitarismo; levantando la bandera del pacifismo y la alianza de las civilizaciones y sacando a los militares españoles de la guerra ilegal; garantizando unas políticas sociales y pronosticando el pleno empleo y pavoneándose de que con él y sus muchachos el estado del bienestar estaba garantizado, pelea ahora con el agua al cuello por remontar una crisis incomparable y agita como banderas de su discurso para permanecer en el poder sus cojones para plantar cara con una política de extrema dureza y autoridad castrense a los controladores decretando nada más y nada menos que el estado de alarma, la militarización de los insumisos civiles del control del aire, la privatización de servicios públicos, los despidos, la rebaja de las pensiones……….

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Sí, esto es lo que hay. El campeón de la democracia, el rey del talante, el simpático candidato de la ceja, el hombre del pueblo. Para esto ha quedado. Y para decir en el Congreso de los Diputados como toda explicación respecto a sus intenciones de prorrogar el inconstitucional estado de alarma que seguiremos así mientras sea necesario, “ni un día más ni un día menos”. Con dos cojones. Y aunque estaba obligado por la Constitución a comparecer ante el Congreso “inmediatamente” y tardó seis días en hacerlo, comenzó diciendo que él, el gran ZP, “he creído particularmente conveniente comparecer en nombre del Gobierno” para explicar lo sucedido. Como si no estuviera obligado. Como si nos estuviera haciendo un favor por gracia personal. Y aquí no pasa nada. El hombre que en vez de evitar el conflicto y la alarma precipitó ambas en el Consejo de Ministros del viernes utiliza la Constitución a su voluntad, y si quiebra sus principios, la mayoría de la Cámara le aplaude y se pone de su lado, y la mayoría de los medios le aplauden.

Pues nada, el siguiente paso es que sea el fiscal general del estado el que dicte sentencia sin esperar el juicio y se ponga la toga de magistrado y proceda a encarcelar a los sedicentes. Total, para que hacer un juicio con todas las garantías, tonterías garantistas de melifluos demócratas obsesionados con las formas. ¡¡ Las formas!! Con la que está cayendo. Con lo cabronazos que son los controladores y la faena que le han gastado a tantos. Si los nuestros, los Sardá, los Cebrian, los Ferreras y compañía, y hasta El Mundo reclaman dureza, los demócratas de toda la vida, progres oficiales y conservadores con complejos me apoyan……

Ni un día más ni un día menos……. Demasiados días como para pensar que esto tenga arreglo. Que tristeza. Voy a seguir leyendo “El poder del perro”. Buen domingo.