El 21 de noviembre escribí en este blog sobre la tele que a mí me gusta. Desde entonces he leído numerosos artículos acerca del impacto que en Italia ha tenido Vieni via con me,  el programa que durante cuatro lunes consecutivos ha emitido Rai 3. Se trata de un espacio presentado por el periodista Fabio Fazio y el escritor Roberto Saviano. Han revolucionado el mercado televisivo italiano y han acreditado que es posible hacer audiencias “diezmillonarias”, equivalentes a las de “Gran Hermano”, con un producto de calidad, serio, divertido, bien producido, bien realizado, cuyos contenidos consiguen atrapar el interés de esa Italia que no es feliz con la progresiva berlusconización del país, de esa Italia que no quiere reirse con gracias sexistas, chistes machistas, pechos y muslos de velinas hinchables, pero que desea ser feliz y disfrutar del talento, la picardía, la perspicacia, la ideología, la acidez, la melancolía, el miedo, la esperanza, el humor y la información que suministran en este circo/teatro de la memoria y el entertainment de calidad, en este espacio a caballo del teatro y la televisión una banda heterogénea conformada por periodistas críticos, escritores perseguidos por la ´Ndrangheta, premios Nobel de literatura, fiscales anti mafia y otras gentes de vivir independiente.

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Vieni via con me es un programa muy televisivo, que mezcla el lenguaje y la puesta en escena televisiva con la estética más teatral, y con algunos guiños circenses en la mejor tradición de los cómicos italianos. Y en un país atrapado en redes mafiosas, con un presidente cutre y golfo que lo controla casi todo sin complejos, este programa se ha convertido durante un mes en un islote de libertad. Quienes lo han hecho tienen ideología, pero no responden a ninguna estrategia partidaria, y han conformado una suerte de rebelión ciudadana frente al stablishment que ha conectado con las derechas y las izquierdas cansadas de tanta política basura que todo lo impregna. Decía Saviano a la periodista Lucia Magi en El País que hay “sed de valores, en este país dominado por la contínua invitación a dar lo peor de tí: tienes que ser listillo y apañártelas con mil trapicheos, te acostumbras a pensar que todo da lo mismo, ves la sexualidad como una moneda de cambio. Esta es la Italia de hoy. Por eso el programa se ha convertido en un ritual colectivo, un momento de unión para todos los que no son así, que está cansados, que pretenden algo más. Los buenos, en el sentido de los individuos que hacen su trabajo con talento y abnegación, cada día. Que se equivocan, pero porque son humanos, no por ser corruptos o por no haberlo intenado”.

Que lindas palabras. Que se equivocan, pero porque son humanos, no por ser corruptos. Saviano se ha convertido, a partir de sus investigaciones y denuncias de la Mafia y la Camorra, en un símbolo y un icono de esa Italia que quiere reconstruirse, que quiere despertar de la pesadilla. ¿Son minoría? Yo creo que no. Lo que sucede es que no son poderosos.

Esta televisión, ¿sería posible en España? Hoy, desgraciadamente, no. En nuestro país se hacen magníficos programas, buena parte de los cuales a mí no me gustan. Creo que podrían convivir pacíficamente las televisiones comerciales, que en uso de su derecho programan con el único objetivo, legítimo, de hacer audiencia para poder facturar publicidad, con unas televisiones públicas que sólo tienen un sentido verdadero si sirvieran para dar cabida a espacios de estas características producidos y presentados por personas de diferentes perfiles e idelogía. Pero, como dejó escrito Dante a las puertas del infierno, perded toda esperanza. No hay partido político en España dispuesto a colocar al frente de una tele pública a un profesional independiente dispuesto a mandar a paseo a un presidente, ministro, president, conseller, lehendakari o consejero a las primeras de cambio que pretenda dar una consigna. Los partidos en España, como en tantos otros países, no quieren profesionales, periodistas, quieren sicarios, fieles y obedientes profesionales dispuestos a hacer propaganda pero no a hacer buena televisión al servicio de unas ideas y unos ideales, pero no al servicio de un partido. Estos tipos no es que consideren que es inadmisible que un periodista les critique, es que consideran una agresión que no se les adule de forma permanente. Y así nos luce el pelo.