Hacía tiempo que no disfrutaba tanto sentado en la butaca de un cine. No había visto nunca una película española que retratase mejor y con más talento literario y cinematográfico las tradiciones y los instintos del alma española. Con su “Balada triste de trompeta”, Alex de la Iglesia ha firmado y filmado, en mi opinión, además de su mejor película, un formidable retrato de nuestra España, ha colocado con descaro a nuestra sociedad frente al espejo en un ejercicio de exorcismo magistral.

Desde los títulos de crédito,  majestuosos, asombrosos, fulgurantes, certeros, esta Balada de Alex certifica que estamos ante un creador fuera de serie, personal e intransferible, capaz de viajar en poco más de cien minutos del drama a la comedia, del llanto a la risa, del gore al documental. Alex se marca una combinación de ingredientes aparentemente imposibles de fusionar en medio de un relato histórico majestuoso y con una asombrosa capacidad de engancharte las vísceras y el alma a través de la mirada y te fuerza a realizar un viaje hiperrealista por nuestra memoria en el que se mezclan la Guerra Civil, el franquismo sociológico, la dictadura cruel, el atentado contra Carrero Blanco con una banda de frikis enloquecidos, El Lute y su paradigma, las baladas de “Rapael”,  las bambalinas del mundo del circo, la España profunda en blanco y negro… Rinde homenaje cinematográfico en este retrato de la España real a obras maestras del cine como Batman, El Fantasma de la Opera o la Bella y la bestia a la vez que mezcla con finezza cruel la risa y el llanto, la irreverencia y la religiosidad, la blasfemia y la cortesía, el amor y el odio, el sadismo y el masoquismo, la vida y la muerte.

Es una historia imprevisible, poderosa, mágica, conmovedora, al límite de todo, sí, pero que traspasa imponente la frontera del entretenimiento para fondear en el puerto de la reflexión profunda sobre quienes somos, de donde venimos, cómo hemos llegado. Los diálogos están infrecuentemente bien escritos y magistralmente interpretados, son puñales que se clavan con más fuerza que las bayonetas de los soldados. Es un festival maravilloso de sentimientos complejos llevados a la pantalla con ese estilo de Alex, inimitable, reconocible desde el primer fotograma, poderoso, brutal, descarnizado, enloquecido, onírico, serio, riguroso, osado, sin complejo alguno.

UN EXORCISMO BRUTAL QUE RETRATA UNA REALIDAD RECONOCIBLE

En esta balada a veces con ritmo de rock, Alex de la Iglesia retrata como un maestro insolente, genial, lúcido, sin complejos, el cainismo de esta España nuestra que cada poco realimenta su instinto autodestructivo. Y al pintar con el objetivo de sus cámaras este fresco luminoso nos coloca tumbados boca arriba en el quirófano y lleva a cabo una cirugía estupefaciente que nos obliga a mirarnos en el espejo y a observar un retrato lacerante y realista de quienes somos. Y lloramos, y reímos con esos payasos que entre lágrima y sonrisa terminan generando un efecto purificador.

En esta obra majestuosa, he encontrado cosas de Goya, Muñoz-Seca, Gómez de la Serna, Galdós, Umbral, Berlanga, Gutiérrez Solana, Larra, García Lorca, Hernández, Picasso, Hemingway, Berlanga, Buñuel, Tarantino,  Tod Browning, Bukowski, Norman Mailer, Hammet, todos juntos concelebrando un exorcismo brutal que retrata una realidad perfectamente reconocible que sobrecoge el alma y retuerce el corazón.

Imagen de previsualización de YouTube Imagen de previsualización de YouTube Imagen de previsualización de YouTube

Y en este ejercicio de catarsis colectiva, sobresale Antonio de la Torre, el para mí entrañable Loren de Padre Coraje, con una interpretación formidable del payaso sádico que ama a los niños y goza reventando el cuerpo y el alma de su amada, que le consagra ya entre los grandes. Y descubro a Carlos Areces, un actor joven que da vida al hijo del payaso triste reclutado por los rojos para enfrentarse a los fascistas a golpe de cuchillo y metralleta, que evidencia como detrás de un joven atribulado por la muerte de su padre a quien desea emular se encontraba dormido un volcán de sentimientos, de amor y odio, de sed de venganza argamasada con furia incontenible. Y conozco a la bella Carolina Bang dando vida a la bella atrapada por dos bestias y un ejército surrealista de mansos que siempre se arriman al sol que más calienta.  Y disfruto con unos más que solventes Santiago Segura, Fernando Guillén Cuervo, Terele Pávez, José Manuel Cervino, Sancho Gracia, Juana Cordero, Enrique Villen y los demás.

Y para terminar, ese homenaje grandioso a Hittchcock y Con la muerte en los talones y a Edgar Wallace, creador de King Kong, utilizando el Valle de los Caídos como estertor de esta historia real cuyo final no conocemos. A ver quien es, después de esta película magistral, el bueno que se atreve a decir que hay que destruir el Valle y llevarse la gigantesca cruz a otro lado.

Una obra maestra, una provocación majestuosa, una invitación a la reflexión de nuestra casta política y de tantos que juegan cada día con el fuego de la historia y lo atizan acreditando su orfandad de conocimientos históricos. Debieran proyectarla en el Congreso de los Diputados con asistencia obligatoria. Gracias Alex por colocar a España frente al espejo, aunque el rostro que veamos sea atroz y detestable. Gracias por hacer algo más que una película.


Ver el original en elconfidencial.com »