No serè yo quien diga que no tiene un sentido y puede que hasta una utilidad la reunión que ayer mantuvo el presidente del Gobierno, Josè Luis Rodríguez Zapatero, con treinta siete de los grandes banqueros y empresarios españoles.

La cita es consecuencia del informe que la Fundación Everis, pastoreada por Eduardo Serra, le presentó hace quince días al Rey. Y de la sucesión de palos que el señor “mercados” le ha atizado a España las últimas semanas.

Zapatero, acompañado de Rubalcaba y Elena Salgado, tuvo que escuchar durante un rato severas críticas a la actuación de Gobierno en relación con la crisis, su magnitud y sus consecuencias.

Pero dicho esto, y confiando en que el presidente y sus personas de confianza hayan tomado nota de lo que de positivo hayan escuchado, yo me pregunto: ¿A quien representan los invitados además de a ellos mismos, sus intereses personales y sus accionistas, los presentes en la reunión? ¿por que no invitó ni se reúne con pequeños y medianos empresarios y autónomos? Ahí encontraría tambièn a gente lista y con ideas que, además, no ha tenido posibilidades de irse de España a hacer dinero y obtener lícitos y legítimos beneficios como buena parte de los invitados de ayer. Y tampoco han pasado por Moncloa otros representantes de la sociedad civil. Y no recuerdo reuniones en sábado con representantes del los ciudadanos democráticamente elegidos en las urnas para hablar así, tranquilitos, sin cámaras ni testigos incómodos.

Claro, estoy aquí en Manresa, distraído con gente joven, inquieta, moderna, con talento, buenas, y no me acordaba que hoy se celebran unas elecciones en las que hay alguno que se juega mucho. Pero ni por esas termina de gustarme este Gobierno. Y no se que responder a la pregunta que ayer se hacían los linces del Financial Times: Zapatero, “¿Es muy valiente o muy estúpido?” . Pero me inclino a pensar que ni lo uno ni lo otro.