Tras la debacle socialista en las elecciones autonómicas catalanas, previsible, pero debacle, algunas conclusiones y consecuencias parecen evidentes y merecen comentario. La más importante de todas, que he podido comprobar personalmente en conversaciones con dirigentes socialistas de todos los colores es esta: José Luis Rodríguez Zapatero ha pasado de ser UN problema grave a ser EL problema que en palabras de algunos, en plural, de mis interlocutores “no es que nos haga perder las proximas generales, es que puede hacer un daño dificilmente reparable para el futuro de España y del propio partido”.

CiU y Artur Mas han logrado una mayoría que les va a permitir gobernar con relativa comodidad con acuerdos puntuales con el PP y los socialistas, y puede que hasta en algún caso concreto con ERC. Los nacionalistas van a esperar y ver que sucede en las autonómicas y municipales de mayo, donde probablemente se produzca una debacle histórica del PSC cuando pierda la alcaldía de Barcelona, y a partir de ahí comenzará a poner en marcha su estrategia de cara a pelear la reclamación del Concierto para Cataluña. Y entre tanto, trata de resolver el primer problemón a corto plazo: devolver el dinero de los bonos a los catalanes, ardua tarea que preocupa más de lo que dicen en público a Mas y sus muchachos.

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El Partido Popular, tras el éxito cosechado por Alicia Sánchez Camacho, sigue su camino para ganar las generales cuando las convoque el presidente y ha iniciado su particular reconquista del Gobierno central con el mismo arranque que tuvo en las victorias de 1995 y 1999: siendo la tercera fuerza política en Cataluña.

El independentismo, que comparecía fracturado en diversas candidaturas, ha sufrido un varapalo equivalente al de los socialistas y, si no quiere quedar reducido de nuevo a la categoría de marginal, tiene que acometer un proceso de refundación que no es descartable que pase por la reunificación, que se produciría, en todo, caso, aceptando ERC la salida de toda la actual cúpula y recogiendo en su seno a buena parte de las formaciones que se han presentado por su cuenta con resultados lamentables, excepto el excéntrico Joan Laporta con sus cuatro escaños.

Pero una vez constatado que los ciudadanos catalanes, o mejor dicho, la mitad de los ciudadanos catalanes, que son los que han votado, han posibilitado un giro al centro derecha y hacia un Gobierno más moderado como el que liderará Mas, desde el punto de vista de la política de ámbito nacional la consecuencia más importante de estas elecciones autonómicas es que han agravado aún más la situación interna del PSOE. Como escribió el el lunes Jesús Cacho, el presidente del Gobierno “lleva plomo en las alas y no tiene credibilidad para dirigir un país que se enfrenta al reto más importante de su historia, tras ocho años de Gobierno socialista que se han llevado por delante, además del bienestar de los españoles, los afanes de concordia civil que presidieron la transición”. Lo trascendente no es que lo pensemos algunos periodistas, lo esencial es que esto mismo consideran buena parte de los dirigentes de un PSOE que puede terminar saltando por los aires.

Como he comentado, en las últimas setenta y dos horas han sido varios los dirigentes y barones socialistas que lo han comentado conmigo y con decenas de correligionarios y periodistas. No se atreven aún a decirlo públicamente con esa crudeza, pero sí en privado: “el presidente debiera disolver las Cámaras y convocar elecciones. La situación es insostenible y tiene que despejar las dudas cuanto antes. Congreso Extraordinario y elecciones con un nuevo candidato. El debe manejar los tiempos, pero si no, las consecuencias para el partido pueden ser gravísimas”. Y para los españoles, añado yo. Muchos dirigentes socialistas exigen la retirada de Zapatero de quien dicen que es ahora mismo EL problema de España: “sin él, España podría enderezar el rumbo y el PSOE, aunque difícil, podría recuperar terreno frente a un PP que puede ganar en mayo Castilla-La Mancha, Asturias, Baleares, Extremadura y Aragón, además de la alcaldía de Barcelona. Es la hora del partido, de la militancia, es el momento de decir basta. Si no lo hacemos, nos vamos a arrepentir durante mucho tiempo”.

¿Lo harán? Tengo muchas dudas. Incluso me atrevo a decir que en el entorno gubernamental, de modo incomprensible, el presidente escucha cantos de sirena que le animan a no adelantar las generales y celebrarlas en 2012, y que le insisten en que se tome su tiempo para anunciar su decisión de presentarse o no. Me temo que sólo el señor “Mercados” y los líderes que mandan en el mundo pueden forzar a ZP a hacer caso a sus correligionarios, hacer un ejercicio de sentido común y dejar paso a otro de los suyos o a otros para que España pueda recuperar un terreno perdido que quizá dentro de año y medio tenga una solución que quizá no puedan ver nuestros ojos.