(El título de esta columna me lo ha prestado mi amigo de Twitter “Truku” Diego de Anta. Gracias)

Pues sí. Han pasado muchos años y al fin Felipe González Márquez se ha animado a aclarar definitivamente, y a su estilo, cobarde, que él era el señor X del famoso organigrama de los GAL que en su día elaboró e incorporó al sumario 1/88 del Juzgado Central 5 de la Audiencia Nacional el magistrado juez Baltasar Garzón Real. Lo ha hecho en una declaraciones pavorosas a Juan José Millás en el diario El País que han sido ampliamente comentadas, pero que no puedo dejar de analizar.

Pueden empezar ustedes viendo este video y escuchando con atención. Es un resumen de la famosa entrevista que en pleno apogeo de la investigación del asunto GAL, de la que nos ocupamos por cierto muy pocos, le hizo en TVE Iñaki Gabilondo. González era Pte. del Gobierno. Presten enorme atención a sus frases y a la gestualidad. Como el señor X siempre ha mentido “con una conmovedora sinceridad”, que escribió el gran Paco Umbral, les aclaro que el periodista que le preguntó era yo, y que no estábamos en una residencia de ancianos, sino en la sala de prensa del Palacio de La Moncloa. Es el famoso día en que reiteró que era imposible que se pudiera demostrar responsabilidad alguna de su Gobierno en la creación de los GAL. Después varias resoluciones judiciales del Tribunal Supremo han acreditado que mentía González, y el domingo, con sus palabras, se ha desmentido él a sí mismo.

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Sus declaraciones a Millás en El País acreditan la catadura, la condición moral del ex Pte. del Gobierno. Como hemos mantenido desde el primer día quienes, pese a las presiones, amenazas, espionajes ilegales y demás prácticas obstruccionistas de su Gobierno, era imposible que unas decisiones del calibre de secuestrar a un anciano viajante de comercio, asesinar a treinta personas o saquear el dinero público destinado a la lucha antiterrorista se adoptaran sin su conocimiento y autorización.

Por vez primera Felipe González reconoce que, como las actuaciones de los GAL tenían una enorme repercusión en las relaciones con el Gobierno francés, “la información tenía que llegar hasta mí por las implicaciones que tenía”. Es evidente que no podía ser de otra forma. El se refiere en su conversación con Millás a la propuesta de asesinar, volandoles por los aires, a la cúpula etarra. Pero parece sensato deducir que lo mismo sucedería con la decisión de secuestrar a un anciano, de ametrallar bares a quemarropa indiscriminadamente, de colocar bombas bajo los coches de los terroristas en plena calle o disparar a la cabeza a los etarras, todo ello en territorio francés.

UN TONO MAS PROPIO DEL PRESIDENTE DE UNA REPUBLICA BANANERA

Cobra ahora mayor relevancia la famosa anotación del ex general Emilio Alonso Manglano, entonces máximo responsable del CESID, condenado por organizar una trama ilegal de escuchas  y espionaje, que de su puño y letra escribió literalmente en una nota de despacho de 1983, en la que su jefe operativo Juan Alberto Perote, avisaba del inminente inicio de acciones violentas contra ETA en el sur de Francia: “Me lo quedo Pte. paras el viernes”. Según Perote, “Pte.” quería decir Presidente; según Manglano, “pendiente“. Según la lógica de los acontecimientos y a partir de las declaraciones del ex Pte., parece sensato pensar que a González también tenía que llegarle esa información, “por las implicaciones que tenía”, por emplear sus propias palabras,

Nos cuenta ahora, en un tono que imagino, más propio del presidente de una república bananera que del presidente de un país democrático desarrollado, que en 1990 tuvo que decidir si se volaba por los aires a la dirección de ETA en una reunión de su comité ejecutivo. Y expresa sus dudas de entonces, y añade que dijo no, “y todavía hoy no se si hice lo correcto. No te estoy planteando el problema de que yo nunca lo haría por razones morales. No, no es verdad. Una de las cosas que me torturó durante las 24 horas siguientes fue cuántos asesinatos de personas inocentes podría haber ahorrado en los próximos cuatro o cinco años”. Es decir, que González tenía, y tiene aún, dudas respecto a si un Gobierno de un estado de Derecho debe asesinar ciudadanos. Esta es su moral. Este es el hombre que presidió España durante más de una década. Lo dice claro, clarísimo: “No te estoy planteando el problema de que yo no lo haría por problemas morales. No, no es verdad”. O sea, que dijo que no, como podía haber dicho que sí. Y esta afirmación tan inaceptable, tan repulsiva moral y políticamente, se entiende mucho mejor un poco más adelante.

Sí. Cuando habla de la “detención” de Segundo Marey Samper. Este anciano viajante de comercio jamás fue detenido. Fue secuestrado por orden de su Gobierno. Solo los dictadores de la peor ralea califican de “detención” un secuestro en toda regla. Y González lo hace por dos veces en la misma entrevista. No le traicionó el subconsciente ni el lenguaje. El está convencido de ello. Estos tipos son así, puta, como gusta de decir ahora el ex Pte.. El señor X reconoce algo que ya sabíamos, pero que en su boca es novedad: que el entonces ministro del Interior de su Gobierno, José Barrionuevo Peña, estaba al tanto del secuestro hasta el punto de que tenía la capacidad de decidir si se seguía o no adelante con él. La vida del secuestrado estaba en sus manos. Y ello, es evidente, hace de todo punto imposible que no lo estuviera González también. Y añade el ex Pte. que a Marey le salvó la vida Barrionuevo, que es “quien da la orden para que lo suelten”. No recuerda, como figura en la sentencia del Supremo, que en el despacho de su ministro de Interior se debatió una propuesta de un alto mando de su Ministerio, Julián Sancristóbal, del máximo dirigente de su partido, el PSOE, en Vizcaya, Ricardo García Damborenea, y de un comisario, Francisco Alvarez, que pretendían asesinar a Marey y después enterrarle en cal viva. Esos eran los debates que en esas fechas se mantenían en el Ministerio del Interior del Gobierno presidido por González. Y es verdad que, tras negarse José Amedo a asesinar a Marey y enterrarle en cal viva, Barrionuevo ordena que no lo hagan. Pero no cuenta González, como consta en el sumario instruido por el Supremo, que la orden de su ministro, de Barrionuevo, fue que mantuvieran secuestrado una semana a Marey. Y así se hizo. Y por ello fue condenada a prisión la cúpula del Ministerio de Interior de su Gobierno.

NO PUEDE DUDAR UNA DECIMA DE SEGUNDO RECHAZAR UNA EJECUCION EXTRAJUDICIAL

¿Qué especie de gobernante es aquel en cuyo Gobierno hay un ministerio en el que se decide secuestrar a un anciano, en el que se debate si asesinarle y enterrarle el cal viva, en el que el ministro del Interior toma decisiones sobre un secuestro, en el que el Pte. califica como “detención” un secuestro? Un presidente de Gobierno de un país democrático, de un Estado de Derecho, no puede dudar una décima de segundo en rechazar una ejecución extrajudicial, un asesinato en masa, aunque sea de terroristas. Y lo terrible es que la inmoralidad es tal que aún hoy expresa sus dudas acerca de si al decir no actuó correctamente. Es pavoroso certificar la carencia de los más elementales principios éticos en quien durante tantos años ha presidido el Gobierno de España

Más adelante, la guinda la pone González al difamar con crueldad insoportable al pobre Segundo Marey, de quien dice que “nadie ha estudiado ni va a estudiar por el momento, ni yo lo pido, qué era o qué significaba Marey en la cooperativa de Bidart”. Cobarde de nuevo, González trata de ensuciar la memoria de este anciano a quien su ministro ordenó secuestrar pretendiendo relacionarle con la cooperativa donde más tarde se detuvo a la cúpula de ETA, algo que ya trató de hacer sin éxito su Gobierno con Corcuera de ministro de Interior y Alfredo Pérez Rubalcaba de portavoz. Y, para más inri, González confunde Bidart con Sokoa, que esa era la cooperativa etarra de marras.

Pero no acaban ahí las escandalosas declaraciones del ex Pte. a El País. Respecto al guardia civil Enrique Rodríguez Galindo, a quien él ascendió a general siendo ministro el inefable Juan Alberto Belloch, dice el Señor X que “era un gran tipo” y añade que “estoy seguro de que era inocente de la mayor parte de lo que le acusaron”. ¡Que poca vergüenza!, pero no extraña en él. Solo que conviene recordar que el general Rodríguez Galindo, ese gran tipo, fue condenado a 71 años de prisión en el juicio por secuestrar, torturar hasta arrancarles las uñas, asesinar y enterrar después en cal viva, estos sí, a los etarras Lasa y Zabala. Sentencia del Tribunal Supremo de España ratificada por el Tribunal Constitucional del Estado español y por el Tribunal de Estrasburgo.

GONZALEZ DEJO TIRADOS A SUS HOMBRES Y NO DIO LA CARA

También dice que Barrionuevo no se lucró con los Fondos Reservados, y le dispara con bala fina y mala leche gruesa y peligrosa a Rafael Vera: “y creo que lucrarse personalmente, tampoco en el caso de Vera, ya más difícil de demostrar”. Bueno, señor X, ex Pte., yo no se cuanto de difícil, pero Vera fue condenado por malversación en tres sumarios diferentes, en tres instancias distintas, donde al menos se ha acreditado que se llevó 4 millones de euros, parte de los cuales repartió en sobresueldos, y la otra se la quedó para inversiones inmobiliarias.

Estas declaraciones de Felipe González son de una gravedad máxima, plantean de lleno las responsabilidades políticas de quienes justificaron y encubrieron esos delitos y en opinión de algunos, ya se verá, podrían incluso tener consecuencias penales. Argumentan los defensores de este defensor del crimen de Estado que con la derrota electoral las responsabilidades políticas han quedado sustanciadas. Es discutible. Muy discutible. Más aún cuando quienes así lo plantean llevan años llenándose la boca reclamando memoria histórica respecto de hechos acaecidos hace más de 70 años y exigiendo responsabilidades políticas y penales y peticiones de perdón.

Y además, las declaraciones de González son cobardes porque dice sin decir, sugiere, apunta, desliza…… pero no da la cara de una vez por todas, no asume su responsabilidad. Felipe González Márquez, y así lo dicen en privado todos sus subordinados, y ya veremos si no empieza ahora alguno de ellos a decirlo también en público, dejó a sus hombres tirados en la cuneta, no dio la cara, y toleró que fuera condenada toda la cúpula de su Ministerio de Interior por unos hechos que, parafraseando al propio González de hoy, “tenían que llegar hasta mí por las implicaciones que tenían, porque no eran operaciones ordinarias de la lucha contra el terrorismo”.

Pues apliquen la misma medicina a estos hechos acaecidos ayer, en términos históricos. Tan ayer que el actual presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero (que afortunadamente jamás ha tenido tentaciones de repetir esa política criminal, como tampoco las tuvo José María Aznar) era diputado del grupo parlamentario que apoyaba a ese Gobierno de González, y jamás levantó la voz en el Congreso, ni fuera de él, censurando al Ejecutivo y exigiendo que se depuraran las responsabilidades políticas y penales por esos crímenes. Y compañeros suyos en la Cámara, como Antonio Romero, Nicolás Sartorius o Enrique Curiel, de IU; Joseba Azkárraga de EA, y pocos más, se batieron el cobre en solitario sin el apoyo de casi nadie. Y Alfredo Pérez Rubalcaba, hoy superministro, el hombre fuerte del gabinete que preside Rodríguez Zapatero, era el portavoz del Gobierno que se esmeró en una labor durante mucho tiempo exitosa de ocultación de los hechos y obstrucción a la Justicia en su investigación, aunque finalmente se impuso la libertad de prensa y el trabajo de algunos jueces y fiscales y se pudo llegar a la verdad en algunos de los casos. ¿Que dirían los amigos del PSOE si un Gobierno del PP hubiera incurrido en ese comportamiento? Y no nos vengan ahora con que la mayoría de los ciudadanos apoyaban los GAL, que era verdad. Es responsabilidad de los gobernantes tomar decisiones, y no de los ciudadanos, a quien no se puede trasladar esa responsabilidad moral.

ESTUDIAN PRESENTAR QUERELLA CONTRA FG POR UN DELITO DE PERJURIO

Felipe González, el sabrá por qué, además de acreditar un apabullante dislate moral se ha jugado una mala pasada a él mismo, se ha creado un problema que vamos a ver donde termina. Para empezar, Antonio Romero, dirigente de Izquierda Unida, ex parlamentario, uno de los hombres que más luchó entonces por el esclarecimiento de estos gravísimos hechos, envió ayer una carta al fiscal general del estado, Cándido Conde Pumpido, en la que solicita que se abran diligencias contra González por apología del terrorismo de Estado y enaltecimiento del terrorismo. Además, algunas víctimas de los GAL han dado orden a sus abogados de que estudien la presentación de una querella contra el ex Pte. del Gobierno por un posible delito de perjurio, ya que en el juicio del Caso Marey, en el que compareció como testigo bajo juramento o promesa de decir verdad, declaró que no recordaba muchas de las cosas que se le preguntaban sobre los GAL y garantizó y dio su palabra de que ni él ni su Gobierno tuvieron nada que ver con el secuestro. Dijo literalmente González ante los magistrados: “Lo normal era que cuando el ministro del Interior se enteraba de un acontecimiento de esta naturaleza, me lo comunicaba. Pero soy incapaz de recordar si aquel hecho se consideró de la gravedad suficiente como para comunicármelo”. Su recuperación de la memoria junto a Millás puede sentarle en el banquillo. Incluso Laura Martín, viuda de Juan Carlos García Goena (la última víctima de los GAL, un joven prófugo del servicio militar sin relación alguna con ETA), ha declarado a un redactor de El Mundo que también va a acudir a la Justicia para que cite a González “y cuente todo lo que sepa del asesinato de mi marido”. Curioso horizonte penal que vamos a ver donde termina. El todopoderoso Alfredo Pérez Rubalcaba va a revivir sus años de portavoz del Gobierno que se empleó a fondo en las labores de ocultación del crimen de Estado y de obstrucción a la labor de la Justicia. Veremos a ver si ahora cosecha el mismo éxito que entonces. En cualquier Estado de Derecho que se precie, el fiscal general del Estado debiera actuar de oficio para que un juez cite a Felipe González y le ponga ante su obligación legal de contar inmediatamente y de una vez todo lo que sabe respecto a crímenes que aún no se han esclarecido y sobre todo aquello relacionado con el terrorismo que se practicó por funcionarios a las ordenes de su Gobierno.

Las declaraciones del ex Pte. del Gobierno han generado algunas reacciones especialmente relevantes. La primera la de José Bono, que, raudo y veloz, salió a la palestra a defender al que fue su jefe y honrar al señor X diciendo que “Felipe González ha sido el mejor jefe de Gobierno que ha tenido España de la A a la X. Estos hechos han sido juzgados y los hechos son ya materia para historiadores desapasionados más que para enemigos viscerales de Felipe González“. Esto es lo que piensa respecto al crimen de Estado la tercera autoridad de España, el presidente del Congreso de los Diputados. Y se queda tan ancho. Y aquí no ha pasado nada. Y en la Cámara nadie se ha dirigido a él para reprocharle sus palabras.

Y qué decir de Manuel Fraga, que comentó: “Cuando menos se hable de esto mejor, por el bien de España y de Felipe González“. Y de usted, señor Fraga. Le recuerdo, como ya publiqué en mi libro “Amedo. El Estado contra ETA” (Plaza y Janés, 1989, página 175), su inefable frase pronunciada el 24 de febrero de 1984, en una reunión que celebró con González siendo usted líder de la llamada leal oposición, tras decirle el ex Pte que había que acabar con ETA “sea como sea”: “Bien sabes que nuestro apoyo en la lucha antiterrorista es total. Nosotros jamás te plantearemos una cuestión en el parlamento por un asunto antiterrorista. Pero cuidado, porque las cosas hay que hacerlas bien. Yo soy el primero que piensa que hay que acabar con ETA y, a lo mejor, si me hicieras caso reimplantando la pena de muerte avanzábamos algunos pasos. En lo que se refiere a la lucha contra esos canallas tenéis nuestro apoyo en todo lo que hagáis”. Así se entiende mejor que Fraga, el ex ministro de Interior que llegó a decir “la calle es mía”, no quiera que se hable de esto. Se entiende muy bien por qué.

Es imprescindible que el Partido Socialista Obrero Español, José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba nos den a todos los ciudadanos una explicación, asuman su responsabilidad y pidan perdón. Más aún después de que el ex Pte. del Gobierno, el señor X, se haya hecho carne y les haya dejado a todos con las vergüenzas al descubierto. Esta cuenta deben saldarla ahora que aún varios de ellos son políticos en activo y con responsabilidades gubernamentales. Como bien escribió el martes Arcadi Espada, “el PSOE tiene una cuenta pendiente con la sociedad que debe saldarse en vida. No son los nietos los que deben pedir perdón por los abuelos”.


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