Pasada la euforia llega la realidad.  “Tenga cuidado ahí fuera”, era la frase favorita del capitán Furillo (interpretado por el gran Daniel J. Travanti)  a sus chicos antes de empezar la patrulla en la mítica serie de televisión “Canción triste de Hill Street” escrita por Steven Bochco y Michael Kozoll. “Ten cuidado con la que se te avecina”, le decían unos y otros al presidente Rodríguez Zapatero en plena parálisis antes de que el pasado día 20  hiciera su mega crisis de Gobierno.  El sábado 17 Alfredo Pérez Rubalcaba y José Blanco rodearon a Furillo/ZP y, como en la peli le decían sus hombres, le espetaron al jefe: “Let’s do it to them before then do it to us”, algo así como “vamos a hacerlo nosotros antes de que nos lo hagan a nosotros”. Y se lió.

* Segunda parte de la entrevista.

Bienvenidos a la canción triste de Ferraz Street. Como en la clásica serie,  como en la cruda realidad, la vida es dura y después de ver el escaparate, uno entra a la tienda y se encuentra con que las cosas no son siempre como parecen. Es cierto que el presidente ha conseguido insuflar algo de ánimo en las alicaídas huestes socialistas. No se puede cuestionar que en el consumo interno las cosas han mejorado. Pero pasada la euforia afloran de nuevo, junto a la crisis económica, los problemas internos.

LA CARRERA SUCESORIA ESTABA ABIERTA

El más grave de ellos, el cabreo, “la formidable decepción” que las mujeres socialistas han sentido ante lo que consideración “una gravísima abdicación” de lo que era el proyecto de ZP. La regeneración hacia fuera y hacia dentro, las políticas sociales, la promoción de los nuevos valores y el apoyo a la mujer en todos los ámbitos han desaparecido de las prioridades, forman parte ya del baúl de los recuerdos. Y las mujeres están con el hacha levantada. Sobre todo una, Carme Chacón, ministra de Defensa, y una de las que, junta a Trinidad Jiménez, cabalgaba veloz en la carrera sucesoria abierta por el propio Zapatero. Me comentan que la crisis es considerada por un amplio sector del PSOE como “el sacrificio de una política, de un espíritu, en el que algunos, la mayoría creíamos de verdad”

José Luis Rodríguez Zapatero tenía un pacto no escrito como consecuencia del cual todos en Ferraz sabían que después de él había llegado la hora de una mujer. Estaba asumido por todos que el siguiente cartel electoral del PSOE estaría impreso con un rostro femenino. Nadie lo discutía porque todos compartían ese criterio a propuesta del propio presidente. La carrera había comenzado y dos mujeres, por encima de todas, estaban en ella: Carme Chacón y Trinidad Jiménez. La una, Carme, apoyada por los sectores más renovadores y modernos del partido, y con la ayuda permanente, callada, pero incesante de su marido, Miguel Barroso, un ex de postín, un hombre con formidable influencia, hasta ahora, en el entorno más próximo a ZP. La otra, Trinidad, respaldada por los sectores más conservadores y siempre con el aval de su amistad con Felipe González, que sigue siendo Felipe entre la militancia más veterana. Y ambas niñas bonitas, o eso creían ellas, del propio presidente.

Mientras José Blanco trajinaba y negociaba con el presidente quien iba a ocupar la secretaria de organización y, tras fallar en sus sucesivos internos de colocar en ella a su fiel Oscar López (feliz en Castilla y León), Antonio Hernando (secretario de política municipal) y Gaspar Zarrias, el Rubalcaba andaluz, transaba y aceptaba a Marcelino Iglesias para a través de él tener tranquilos y controlados a los barones más levantiscos, Carme Chacón se enteraba de lo que se cocía en La Moncloa. Y Blanco salía con lo que quería, el control del Comité Electoral y, por tanto de la elaboración de las listas. Y en breve Elena Valenciano como portavoz del comité electoral y quien sabe si creando de nuevo la Secretaría de Comunicación para ella para calmar las aguas revueltas entre las mujeres socialistas.

“EL PSOE NO AGUANTARIA UN DEDAZO. HABRA CONGRESO O PRIMARIAS”

La ministra de Defensa reunió a su gabinete de crisis personal el fin de semana del 9 y 10 de octubre. Barroso y ella hablaron con sus más fieles. Sabían algunas cosas y se olían otras. En Prisa y La Sexta unos brindaban por la que se avecinaba y los otros lloraban y le rezaban hasta a Darth Vader. Y la Chacón, fina estilista, se preparó a conciencia su entrevista del lunes 11 con Susana Griso en Antena 3. Allí, ni corta ni perezosa, se despacho a gusto. Los periodistas no nos enteramos, pero Zapatero, Blanco, Rubalcaba y compañía la entendieron muy bien. Dijo aquello de que “el PSOE no aguantaría un dedazo” sucesorio, si ZP no se presenta habrá primarias y añadió que “España está preparada para tener una mujer al frente del Ejecutivo”. El presidente y los que estaban en la pomada captaron el mensaje y comenzaron el trabajo fino y silencioso de preparar a quienes ellos consideran las claves del funcionamiento interno de Ferraz para la que se avecinaba. Solo pistas, claves inconexas pero suficientes como para que el martes 19 un dirigente socialista le comentara a Leire Pajín: “Mañana la lía el presidente. Nadie sabe qué va a hacer, pero prepárate porque las chicas os vais a rebotar”. Sin saber que Leire era una de las únicas que se salvaba de la quema.

Una dirigente socialista que ha sido ministra me comentaba el lunes que Rodríguez Zapatero “nos ha decepcionado e igual ha medido muy bien los tiempos pensando a corto plazo, pero resolviendo un problema ha generado otro que le puede costar muy caro. La traición a los principios que le auparon al liderazgo, la degradación de Bibiana Aido y Beatriz Corredor, como ha tratado a María Teresa Fernández de la Vega, ¿de verdad se cree este hombre que toda esta dimisión de las cuestiones esenciales le va a salir gratis? Entonces es que está peor de lo que creíamos”.

En Ferraz muchos consideran que los nuevos nombramientos, en especial el de Alfredo Pérez Rubalcaba como súper ministro de la cosa, no tiene clave sucesoria. “Es un cortafuegos”. Creen que por mucho que Zapatero se empeñe, “si él decide no presentarse no va a tener otra que convocar o un Congreso o unas primarias y si a cualquiera de ellos se presentara Rubalcaba empujado por el presidente, se estamparía con toda seguridad. Este no gana una votación interna ni harto de vino. Cada vez que ha tomado partido en una confrontación interna, ha salido escaldado. Que se lo pregunten a Trini, que ha sido la última. Y aunque la ha recompensado con Exteriores, como ha recompensado a los otros perdedores de la batalla de Madrid, Blanco y Rubalcaba, su futuro está cargado de dudas”.

Y fuera de Madrid, con las catalanas a la vuelta de la esquina, donde se va a producir una derrota que puede ser histórica, las diferentes Federaciones van tomando posiciones. Cataluña, País Vasco, Extremadura, Castilla La Mancha y Madrid lo tienen claro: el zapaterismo toca a su fin. Dificil que se muevan de ahí, y ya ponen sobre la mesa nombres y apellidos. Y la cosa se sigue moviendo.

Rubalcaba”, dicen los críticos con el presidente, “es posible que le salve a Zapatero de la quema, puede que detenga la sangría a corto plazo, pero aquí o nos salvamos todos o todos vamos para adelante. Y que Rubalcaba no se lo crea mucho, que por mucho que él pueda serle útil al presidente en estos primeros seis meses, en cuanto ZP vea que remonta, se la prepara a Alfredo, se la mete doblada (es decir, le aplica su propia medicina), cambia de nuevo de caballo, y regresa a sus orígenes sacrificando a quien haga falta. Entre listos anda el juego”.

Así está la canción triste de Ferraz Street. Pero los guionistas siguen trabajando.


PS 1.- En Ferraz están molestos también con ZP por cómo se ha deshecho de María Teresa Fernández de la Vega, de quien dicen que, sin ser militante del partido, era, de todo el Gobierno, quién más ha ayudado y colaborado con Ferraz. Ya la echan de menos.


PS 2.- José Enrique Serrano también anda mosqueado. Le había dicho varias veces al presidente que esta vez quería dar el paso y salir al escaparate. Le apetecía ser ministro y no le ha gustado seguir una vez más al frente de la fontanería monclovita, por más que el puesto le garantice poder real e influencia. Pese a ello, morirá con las botas puestas y le será leal hasta el final a Zapatero, como lo fue a Felipe González. Ha sido así siempre, desde que era secretario del decanato de la Facultad de Derecho de la Complutense en los 70.


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