Después de veintitrés días de reflexión, descanso y tranquilidad, quiero explicar algunas cosas en relación con mi salida de VEO7 y el Grupo Unidad Editorial, que fundé junto a un grupo de amigos en marzo de 1989, tras abandonar el Grupo 16 en solidaridad con el despido de Pedro J. Ramírez de la dirección del periódico.

He guardado silencio desde que fui destituido de mis responsabilidades, de modo deliberado y en uso de mi derecho. Y durante este tiempo ha habido quienes, desde diferentes medios de comunicación, han mentido respecto a mi persona y los motivos de mi salida de Unidad Editorial, me han calumniado, me han injuriado y han puesto en duda mi profesionalidad.Cada uno es dueño de sus palabras y sobre todo de sus silencios. He reiterado en estas semanas que el que calla no otorga.

Y ahora, voy a explicar algunas cosas. Pero que nadie espere deslealtades, mentiras, falsedades, injurias, calumnias, rencor o falta de rigor. Simplemente,  voy a defender mi honor y mi profesionalidad frente a quienes, la mayoría de las veces sin ni siquiera intentar contrastar lo que publicaban, han dedicado su tiempo a vulnerar las más alementales normas deontológicas del periodista, profesión maravillosa en la que también hay, como no podía ser de otro modo en el mundo que vivimos, quienes la denostan cada día. Y lo voy a hacer sin dejar de ser leal a una persona (y a un proyecto) con la que he trabajado lealmente durante treinta años y sin dejar de ser leal a una empresa que cofundé hace veinte. Esa lealtad será inquebrantable hasta que me muera. Tengo unos principios que aprendí de mi madre y de mi padre de pequeñito, que estoy muy orgulloso de aplicar cada día de mi vida y que rigen mi comportamiento personal y profesional. Y no voy a quebrantarlos jamás. Si otros actúan de diferente modo,  es su elección.

A lo largo de treinta y tres años de ejercicio del periodismo he cometido, estoy seguro, muchos más errores que aciertos. Tengo la conciencia muy tranquila porque, siempre que me he equivocado respecto de alguna persona o institución, no me ha costado nada pedir perdón. Y cuando he vivido el éxito, siempre he sido muy consciente tanto de lo efímero que es como de la imposibilidad de haberme siquiera acercado al triunfo profesional sin la ayuda de quienes han trabajado junto a mí.

Si estoy orgulloso de algo es de haber sido capaz, desde la primera ocasión en que asumí responbilidades de mando, de haber formado equipos con profesionales bien preparados, de máximo nivel, de los que siempre he aprendido y a los que he respetado personal y profesionalmente. Nunca he sido sicario de nadie, como jamás le he pedido a nadie que lo fuera mío. Siempre me ha gustado la gente con criterio y principios que pelea en defensa de los mismos,  como peleo yo cada día en defensa de los mios. Siempre me han gustado los discrepantes, los que se salen del guión, los que se expresan libremente, los que no temen a nadie, en la misma medida que siempre he desconfiado de los que practican el halago fácil, de los mansos, de los que adulan siempre al superior jerárquico. Siempre he buscado para formar mis equipos a profesionales mejores que yo, con los que enriqucer mis conocimientos, en la misma medida que he huido de los mediocres.

De corazón os digo que siempre he aprendido más de los errores que de los aciertos. Soy un convencido de que las grandes personas no son las que nunca se caen, sino las que saben levantarse con la cabeza erguida tras un tropiezo. La confianza lleva a la relajación, y por ello nunca he confiado más que en el esfuerzo de cada día y en el talento. Siempre he trabajado sin miedo a nada ni nadie en la busqueda de la verdad, y el único miedo que he tenido ha sido a cometer un error, y eso me ha hecho saber estar muy atento a los riesgos de cada decisión.

Quien asume la responsabulidad de dirigir un grupo de seres humanos, en cualquier actividad profesional, debe tener siempre bien presente el peor de los escenarios, porque de ese modo está en disposición de tener preparada la respuesta a los problemas que van surgiendo. Siempre he tratado, y creo que casi siempre conseguido, rodearme de buenos profesionales que,además, fueran buenas personas. He querido y he pretendido que me quisieran. Pero he querido también que me siguieran porque me querían y no que me quisieran porque me seguían. No me gustan quienes se niegan a entender que detrás de un profesional hay un ser humano que siente y padece como yo y merece el mismo respeto, si no más aún que el que pueda merecer yo. He intentado siempre incluir en el grupo y dar protagonismo a los que no protagonizaban, a los que estaban siempre detrás del escaparate, en la trastienda. Y siempre he considerado que el discrepante del grupo, el rebelde, el que se sale del guión establecido, no son nunca una amenaza para el grupo sino que son precisamente quienes te están advirtiendo de los peligros que te acechan.

He buscado el éxito. Probablemente sea vanidoso y ambicioso, pero considero que es legítimo serlo si siempre esa vanidad y esa ambición están condicionadas a no vulnerar los principios éticos y deontológicos esenciales en el ejercicio de la profesión periodística para obtener un reconocimiento. No creo que valga todo. Como no creo que no existan límites. Lo único que no he admitido jamás, contra lo que he luchado y me he revelado, con lo que he sido duro e intransigente en mis equipos, ha sido la pereza, la molicie, la falta de espíritu, de coraje, la renuncia a la pelea, a la lucha, a la búsuqeda de la noticia verdadera.

Y como el éxito y la felicidad no son sinónimos, os puedo garantizar que he sido feliz en los triunfos y también he sido muy feliz en las derrotas. De cada error, de cada fracaso de audiencia, de cada decisión equivocada he aprendido mucho, sobre todo a no reincidir en el error. Aprendí además muy pronto que las adhesiones cínicas se pierden cuando el éxito te abandona, pero esos son momentos excelentes para detectar las lealtades sinceras, porque el éxito es una excepción, no una regla, y es en el fracaso, en el error, en la derrota donde el que dirige acredita su liderazgo. Estoy muy orgulloso de no haber dejado nunca de defender a mi gente, de no haber aceptado nunca una imposición de arriba en contra de un inferior jerárquico. Siempre me he equivocado por actuar, no por quedarme quieto, y seguro que en muchas decisiones que han afectado a personas he sido injusto, y lo lamento, pero sólo el que toma decisiones comete errores.

En mayo de 2008 llegué a la dirección general de VEO7, tras comprar Unidad Editorial el cien por cien de las acciones de los minoritarios. Junto a un equipo de profesionales excelente, algunos de los cuales estaban ya en el anterior equipo, mientras que a otros les incorporamos los gestores recién llegados, he llevado las riendas de los contenidos de la cadena durante dos años, hasta junio de 2010, fecha en la que fui destituido de mis responsabilidades por el director general editorial de Unidad Editorial, Pedro J. Ramírez, y por el Presidente de VEO7 y consejero delegado de Unidad Editorial. Tras varias semanas de negociaciones, y tras escuchar varias ofertas que consideré inaceptables profesionalmente, pacté mi salida del Grupo en el Servicio de Mediación, Arbitraje y Conciliación (SMAC).

Algunos han dicho y escrito que el motivo de mi salida es que al accionista no le gustaban los contenidos de la cadena. Si fuera así, no tengo nada que decir, es materia subjetiva y por lo tanto respeto todas las opiniones. Pero se ha dicho y escrito también en numerosos medios que el motivo de mi salida fue la mala gestión de los contenidos traducida en una audiencia bajísima de VEO7 y en una cuenta de resultados de pérdidas millonarias de la compañía. Y esto no lo admito, porque afecta a mi prestigio profesional y es sencillamente mentira, falso de toda falsedad.

Respecto a la audiencia, en 2008, VEO7 tenía un 0,25% de share, resultado que no estaba nada mal si se tiene en cuenta la escasa penetración de la TDT en esas fechas. Con una inversión que no llegó a los 10 millones de euros anuales, al finalizar el mes de junio de este año, fecha de mi salida, VEO 7 tiene, según los datos oficiales de Kantar Media (antes Sofres), un 0,83% de share en el total sistemas y un 1,01% de share en el total TDT. Esta es la realidad. Es una audiencia superior a la de, por ejemplo, CNN+ o el Canal 24 horas de RTVE, por poner dos ejemplos de cadenas con una implantación, unos medios y un presupuesto muy superiores al de VEO7. Quien sepa algo del negocio de la televisión sabe que es un resultado que,  como poco, se puede calificar de bueno.

Cuando llegamos en mayo de 2008 a VEO7 mi equipo y yo, y asumimos la responsabilidad de la gestión de la cadena, la cuenta de resultados del multiplex de VEO Television, de la que eramos responsables, estaba en una pérdidas de 7 millones de euros en números redondos. En 2009 perdimos 6 millones de euros y cuando en junio de este año abandonamos la compañía la prevision de cierre del 2010 era de 6 millones de beneficio. Son datos públicos y no vulnero ningún secreto empresarial revelándolos. Y tras los acuerdos que firmamos con A3 Advertising para la gestión de la publicidad, la facturacion publicitaria de VEO7 prevista para este año con esos datos de audiencia será de 25 millones de euros. Estos últimos datos, logicamente, se consolidarian, si en el segundo semestre, una vez que se ha consumado mi salida y la del Consejero Delegado, Jaime Gutiérrez Colomer, los gestores consiguen mantener la tendencia de audiencia consolidada por nuestro equipo.

Por último, y dado que hay quien ha dicho y escrito barbaridades como que yo tenía un contrato blindado gracias al cual me he llevado 3 millones de euros, que tengo la depresión de los 3 millones de euros (con entrevista a una psicologa incluida), que el personal de Unidad Editorial no iba a poder cobrar la nómina por mi culpa,  y barbaridades de ese jaez, quiero aclarar públicamente que no acepto el término “se ha llevado”. Por respeto a mis compañeros y subordinados, a quienes ya se lo he explicado en persona, mi salida de Unidad Editorial, pactada en el SMAC, ha sido retribuida estrictamente por lo que marca la ley, que son 45 días por año trabajado. Así de sencillo. Si la ley hubiera dicho otra cosa así habría sido. No me he llevado nada. Me han pagado lo que me correspondía por ley. Ni más ni menos. Como debe ser. Y me he despedido del Consejero Delegado del Grupo, D.Antonio Fernández Galiano y del director de Recursos Humanos, D. Iñigo Argaya, dándoles un abrazo, como caballeros, como debe ser entre uno de los fundadores que abandona la compañía y quienes tienen la responsabilidad de la gestión.

Y termino. No tengo rencor. Hacia nadie. No tengo un minuto de mi vida para mirar atrás. Me quedan muchas cosas por hacer. Jamás traicionaré la lealtad a la empresa para la que he trabajado 22 años después de fundarla, y a las personas con las que he trabajado tan bien durante tanto tiempo. Eso no quita para que sepa muy bien que hay una persona, a la que no quiero mencionar, que sabe muy bien que me ha traicionado. No por decidir prescindir de mis servicios profesionales, a lo que tenía pleno derecho, sino por la forma empleada para hacerlo. No voy a entrar en detalles. El y yo los conocemos. No guardo rencor a nadie, no me cansaré de decirlo. Pero la respuesta a la lealtad que he mantenido durante treinta años estoy convencido de que es injusta en la forma. No he encontrado nada mejor para explicar el comportamiento de esta persona, de un tipo que creía que era mi amigo, que el primer párrafo del artículo publicado por el director de El Mundo, Pedro J.Ramírez, el domingo 20 de junio pasado, cuando la traición ya estaba consumada y yo destituido de todas mis funciones. Decía literalmente: “¿Qué hacer cuando todo un mundo se desmorona de la noche a la mañana, cuando un código de certezas, tradiciones, lealtades, valores ideológicos y argumentos culturales que han sido transmitidos de generación en generación queda destruido como por ensalmo y los propios guardianes de sus esencias se despiertan desnudos entre las ruinas, mientras a su lado emerge poderoso un orden nuevo basado en el triunfo de cuanto les resultaba ajeno o más bien antagónico?”. Pues eso.

Gracias amigas y amigos por todas las muestras de apoyo y de cariño que me habéis demostrado en los dos últimos meses. Me ha ayudado mucho más de lo que imagináis. Jamás podrá agradeceroslo lo suficiente. Gracias de corazón. Os contaré por donde encamino mis pasos profesionales. Mi afecto, mi cariño, mi respeto y mi agradecimiento para todos.