Iba a escribir de Baltasar Garzón y la conspiración para acabar con él. Pero he entrado en www.elmundo.es y al encontarme la noticia del documento conjunto firmado por España y Venezuela por el que renuevan la firme voluntad de ambos países de perseguir enérgicamente a los terroristas (http://www.elmundo.es/elmundo/2010/03/06/espana/1267879914.html) he cambiado de opinión. No puedo evitarlo.

He imaginado por momentos al insigne Hugo Chávez, “El gorila rojo”, bailando un joropo con Miguel Angel Moratinos, nuestro ministro de Exteriores (gracias Ana Romero por prestarme el apodo ministerial). Una escena divertida. Y al terminar, el baluarte del espíritu bolivariano y el español impasible han decidido que ya que estaban, podían tomarnos el pelo un poco a los ciudadanos españoles, que tragamos con todo. Sólo les ha faltado crear una comisión para que la farsa fuera completa. E invitar a un representante del colega Fidel Castro, que también sabe de que va esto de acoger etarras y tratarles a cuerpo de rey.

Bueno, pues como ciudadano español yo les digo que se bailen su joropo, pero que no nos tomen el pelo, que ya ha llovido mucho y sabemos de qué va esto. Venezuela se la ha metido doblada a España y España ha acreditado tener unas tragaderas formidables con determinados regimenes especialmente miserables. Ni joropos, ni milongas ni comunicados conjuntos. Ni las más enérgicas condenas del terrorismo, ni rechazos sin paliativos del terrorismo ni firme voluntad de profundizar en una relación que es fructífera sobre todo para “El gorila rojo”.

Venezuela, como Cuba, han sido y siguen siendo territorios nada hostiles para los etarras que escapan de la Policía española. De Venezuela ha entrado y salido etarras como Chávez por su casa. Yo ya he visto esta película en su día en Argelia, donde las huestes de Txomin Iturbe circulaban en coches oficiales con la ikurriña al viento mientras el Gobierno González renegociaba el contrato del gas.

Ni condena, ni voluntad ni gaitas, ni joropos ni milongas. Un respeto, caballeros.  No me he caído del guindo ayer. Se muy bien, y entiendo, lo que es la realpolitik. No me cabe duda de que en ocasiones, en aras de intereses superiores, hay que callar y fingir una sonrisa con alguien no especialmente recomendable. Pero creo que hay algunos, pocos, principios éticos y morales, que hay que respetar por encima de intereses superiores (es decir, la pasta, la pasta gansa, el dinero, hablemos clarito que es como se entiende). Lo entiendo, lo asumo e incluso lo comparto. Pero hay líneas rojas que no pueden rebasarse. Y el respeto a las víctimas del terrorismo y la lucha contra los terroristas es una de ellas. Este Gobierno tiene acreditado que en esta materia tampoco respeta esa frontera. Pues nada, el que quiera que les vote en las próximas elecciones.

Pero a las víctimas del terrorismo, y a sus familiares, y a los agentes de la Policía y la Guardia Civil que cada día arriesgan sus vidas, y a los jueces que cumplen con su obligación, y a los ciudadanos que quieren que se respeten las reglas del juego, y a mí, por favor, que no nos tomen el pelo con asuntos tan serios. Ni joropos, ni milongas. Al menos no traten de que comulguemos con ruedas de molino. No sean tan indignos.

Guardaré este documento conjunto para recordárselo al español impasible. Puede que antes de lo que el se piensa quede en evidencia. Y en breve, o eso espero, hablaremos de Cuba, Moratinos. Y no de bailes populares, precisamente.