Estos son los hechos. Baltasar Garzón Real, titular del Juzgado central de Instrucción 5 de la Audiencia Nacional, ha presentado un escrito en su defensa en el que sostiene que existe una operación conspirativa para acabar con su carrera judicial y con su persona de la que responsabiliza, fundamentalmente al periódico EL MUNDO, y en la que participarían, según él, jueces de diferente pelaje, ultraderechistas y falangistas de diferentes adscripciones y otras gentes de mal vivir.

Ayer en Jaén un nutrido grupo de autodenomimados progresistas, del que formaban parte intelectuales, actores, escritores, representantes de instituciones (el insigne secretario de Estado de Cooperación Territorial, Gaspar Zarrías entre otros) y políticos autodenominados de izquierda se reunieron junto a decenas de personas para mostrar su “perplejidad” por las tres causas abiertas contra Garzón. Concretamente, a la causa en la que está imputado en la investigación sobre las víctimas del franquismo la calificaron de “juicio sumario contra los defensores de la democracia, la justicia y los derechos humanos y a favor de la impunidad de crímenes de carácter internacional”. En Jaén estuvieron algunos buenos amigos míos como Juan Diego, Cristina Almeida o Fanny Rubio. También acudieron familiares del juez, Manuel Rivas, Ana Rosetti, el ex fiscal anticorrupción Carlos Jimenez Villarejo, de los Jimenez Villarejo de toda la vida, Marcos Gutierrez Melgarejo et al

Zarrías afirmó que “desde el más absoluto respeto a la Justicia, quiero reivindicar la figura del magistrado ante la operación orquestada por el PP para tapar ese agujero negro de corrupción que es el caso Gurtel”.

José Blanco y Francisco Caamaño, a la sazón ministros de Fomento y Justicia, mostraron su “perplejidad” y dijeron que “algo falla” cuando el cabecilla de la trama Gurtel puede acusar a Garzón.

Cayo Lara, coordinador de IU, pidió una reacción de la inmensa mayoría de los jueces y fiscales que creen en eso de la independencial judicial.

José Bono, hoy en el diario EL PAIS, dice que le parece “un disparate” que se investigue el comportamiento de Garzón, y que el juez “que más ha trabajado contra el terrorismo no merece que lo siente en el banquillo la extrema derecha”.

Yo estoy que me caigo del susto. No se qué virus les ha inoculado Garzón a tantos señores y señoras serios, estudiados, viajados, instruidos y leidos. He alabado muchas veces al juez Garzón. He censurado muchas veces al juez Garzón. Que yo sepa, el juez Garzón es mortal, de carne y hueso, y como todos los seres humanos, se dediquen a lo que se dediquen, ni todo lo hacen objetiva e inapelablemente bien ni cada una de sus actuaciones es un desastre lamentable sin paliativos. Garzón, como todo el mundo, hace unas cosas bien, otras regular y otras mal. Después de tantos años, unos sumarios los ha instruido de lujo, en otros ha estado ni fu ni fa y en otros ha metido la pata hasta el corbejón. Le sucede a Garzón lo mismito que a mí con mis artículos, reportajes o investigaciones.

Vamos a ver si podemos ser sensatos y no volvernos locos. A todos los miembros de esa Plataforma de apoyo al juez, a mi querido Don José Bono, a mis admirados Blanco, Caamaño, Diego, Rubio y cia. Que yo sepa, en una democracia, cada cual es libre de acudir a la administración de Justicia a denunciar los hechos que considere oportuno o el comportamiento presuntamente delictivo de cualquiera. Que yo sepa, en democracia los jueces son igual, pero que igualitos que los demás, con la única diferencia de que ante la Justicia disponen de alguna ventajilla respecto al resto. Que yo sepa, en democracia la verdad es la verdad la diga Agamenón o la diga el porquero de Agamenon, o sea, que no es trascendente quien denuncia, sino si los hechos denunciados son ciertos. En una democracia que el denunciante sea de derecha, de izquierda, mediopensionista, listo o el tonto de guardia es intrascendente, porque corresponde al juez al que le toque entender de la denuncia o al tribunal colegiado correspondiente sentenciar la inocencia o la culpabilidad del acusado.

Y que yo sepa, Baltasar Garzón Real esta acusado, en tres causas diferentes, de tres delitos diferentes:

1.-Acusado de prevaricación por ignorar la Ley de Amnistía en la investigación de los crímenes del franquismo

2.-Acusado de haber solicitado y recibido dinero del Banco de Santander por organizar unos cursos en la Universidad de Nueva York (cuando después entendió de una causa en la que su resolución favoreció claramente al citado banco)

3.-Acusado de prevaricación por autorizar determinadas interceptaciones de las conversaciones de imputados del Caso Gurtel con sus abogados en los locutorios de la prisión.

Y esto es lo que hay. Ni conspiraciones ni gaitas gallegas. El pasado de Garzón, su ideología, si caza bien o lo hace mal, si se marea o no cuando viaja en helicóptero, si le gusta más la carne o el pescado es intrascendente. No nos lien amigos. No se juzga la carrera judicial de Garzón.No hay ningún juicio sumarísimo. No hay cacería. ¿Acaso este ejército de progresistas aspira a vivir en un país en el que se no pueda denunciar a un juez? ¿Es que estos señores y señoras tan respetuosos con los derechos humanos preconizan la impunidad de los jueces que a ellos les resulten simpáticos? Igual que hace años no había una conspiración de Garzón contra el PSOE., ahora no hay conspiración contra Garzón.

Va a tener un juicio justo y se va a poder defender igual (o mejor) que todos a los que él ha interrogado, acusado y encarcelado. Si vulneró la ley a sabiendas para instruir la investigación de los crimenes del franquismo que le empapelen. Si no lo hizo que le absuelvan. Si los jueces consideran irregular que pidiera la pasta y la recibiera para los cursos de NY, y que no declarara una parte de sus ingresos, que le empapelen, y si sus señorias consideran legal su actuación que se archive el asunto. Y si fue ilegal que interceptara las conversaciones de los abogados con sus clientes que le empapelen, y si los magistrados creen que fue conforme a la ley, que se sobresea la causa. Y se acabó. Esto es lo que hay, y el resto, cancamusa, o sea, artificio con que se tira a deslumbrar a alguno para que no entienda el engaño que se le va a hacer. A mí que no me vengan con cancamusas, que me los conozco ya a todos los protas de esta película.