Desde que nació, Matías Antolín fue el peor enemigo de sí mismo. Nació culto y leído, con el humor y las malas pulgas siempre a flor de piel, y con un bolígrafo de plástico pegado a la mano, escribiendo con esa letra pequeña y minuciosa cada respiración de esa vida que vivió con intensidad y que malvivió con su cuerda locura desde que Ingrid se fue y le dejó en una soledad del alma y el corazón que jamás pudo superar.

Matías, Matiucas, Mati, salió corriendo de Alar del Rey casi antes de nacer. Marcado por la muerte de su padre, quiso ser periodista desde antes de tener uso de razón. Bohemio impenitente, recorrió España como maletilla, trabajó en minas insondables, sobrevivió a sus contradicciones con esa capacidad de asombro jamás mermada y, siempre muy sabinero, solo se arrepintió del pecado soñado que no pudo cometer.

Junto a Matías, uno de mis hermanos del alma, he vivido buena parte de los momentos profesionales más apasionantes, originales y surrealistas de mi vida. Transitó por este oficio del periodismo, del que nunca estuvo orgulloso. Lo decía constantemente: “Los periodistas tenemos mala prensa. Hay mucho cagatintas, mucho soplamicros y demasiados colegas que hacen un periodismo más amarillo que la hepatitis B. Siempre he vivido más para el periodismo que del periodismo”. Fue una célula autónoma cada segundo, a su aire, aunque para algunos fuera un desaire permanente. Y ha muerto perseguido por su sombra, a la que nunca cazaba por más que lo intentara.

Director de Cinema 2000, coordinador de la revista Nueva Lente, llevaba la radio en la sangre y trabajó junto a Antonio Herrero, Carlos Herrera y muchos otros. Ha transitado por RNE, Onda Cero y Cope, ha escrito en El País, Diario 16, El Mundo, ABC, El Sol, Liberación, ha paseado por televisiones varias y en VEO 7 presentó con éxito “En camisa de Once varas”, serie de entrevistas insólitas con las que disfrutó lo que no está escrito. Creó la figura del defensor del oyente en la radio. Y escribió libros como “Agur ETA”, “El adiós a las armas de un militante histórico”, “Mujeres de ETA”, “Piel de serpiente”, “El olor del miedo: soy de ETA y vengo a matarte” y “José Tomás, torero de silencio”.

En ABC Punto Radio formó parte del equipo fundador de Cada mañana sale el sol, donde junto a Juan Fernández Miranda, Isabel Cabrerizo, Gabi del Hoyo, Carolina Gómez, Javier Sánchez, Nacho Arribas, Germán Yanke, Ramón Arangüena y todos los demás hizo la radio más libre jamás pensada y nos dejó sus guindas de cada día, su talento, su risa y su sentido de la lealtad instalado en el disparate, sabedor de que la palabra es mitad de quien la dice y mitad de quien la escucha, quintaesenciando cada día lo que le contaban y lo que escuchaba, al alba, mientras hablaba de José Tomás y Messi a cualquier hora, embutido en sus chaquetas coloridas, y presumiendo de ser un ciudadano dentro de toda sospecha, diciendo lo que pensaba cayera quien cayera, aunque cayera él casi siempre. A su aire.

Y se fue el canalla como solía, sin avisar. Adiós Matías, con quien tanto quería. Adiós hermano. Nos queda tanto pendiente.

(Matías Antolín nació en Alar del rey (Palencia) el 20 de abril de 1948 y falleció en Villalba (Madrid) el 16 de julio de 2015)