Trazo este texto mientras cruzo el estado de Chiapas. Estoy en Méjico desde hace cinco días con mis cuerdos de atar y los nadie que persiguen el sueño americano, sin saber que probablemente será al final una pesadilla más que real. Nadie me ha hablado de Rajoy, Sánchez, Granados, los ERE, Cataluña, Pujol y su familia, Castedo, Podemos o el resto de la mugre que marca a España en negro. Y se agradece. Porque en el mundo hay muchos mundos, y es bueno conocerlos. Y no pensar que nuestro reducido cosmos es el centro del universo. Y coleccionar días sin repetir ninguno.

No consuela, pero nuestra corrupción es una broma si la comparamos con la que ha convertido a México no en un Estado fallido, sino en un Estado comatoso en el que los tres poderes están tomados, o entregados, al crimen organizado que todo lo puede.

Huyo por esta ventana de palabras en una noche ciega de luna. La vida no es una invención. Y hay voces que suenan como disparos, por ejemplo las de los migrantes que huyen de la miseria en la que viven en sus países. Una miseria que es tan mísera como para aventurarse en un viaje en el que saben que tienen pocas posibilidades de llegar ilesos. O vivos. Saben que por el camino, suban o no al tren de La Bestia que les transporta directos al infierno, como una carga pesada de la que todos quieren librarse, van a sufrir. Son plenamente conscientes. Les van a amenazar, secuestrar, desaparecer, violar o matar. Les van a despertar del sueño. Pueden ser los narcos. O los zetas. O cualquier banda organizada, o desorganizada. Y puede ser la propia Policía, o el Ejército, o Migración. Pero va a ser. Nadie llega ileso. Y cuando lleguen, buena parte de ellos o van a la trena directos, o en pocos meses están de vuelta. Porque el cielo que buscaban se asemeja más al infierno, y no son bienvenidos. Ni en los EEUU ni en ningún otro sitio. Los nadie de Galeano valen menos que la bala que los mata.

Pero México sigue siendo visto por los grandes de la empresa como un país de oportunidad para ganar pasta. Porque hay business. Hay espacio para hacer negocio. Es un país emergente. (¿Emergente?) Están en el G-20. Y cuando vienen en business o en avión privado, nunca salen del gueto protegido. Nunca viajan al infierno. Aunque la mayoría del territorio lo sea. Ni viajan ni quieren enterarse. Y le dan coba a quienes desde el Gobierno, y los Gobiernos que han sido, han hecho de este país maravilloso un Estado sin ninguna garantía de legalidad, sobre todo para los más desfavorecidos. O sea, la mayoría. Es más cómodo vivir así. Pero más cabrón. Más que nada porque si nosotros nos empeñáramos en evitarlo, ellos sufrirían menos. Pero ellos nos pillan muy lejos. Yo de mayor siempre he querido ser niño. Pero aquí, en este país convertido en estercolero, de niño quiero ser mayor. Para poder escapar rápido.