La foto de Jason De Crow refleja artefactos aparentemente inofensivos. Y al fondo, en un panel, cinco rostros. Los rostros de cinco canallas miserables. Desciendes a los detalles y es un viaje al infierno, a la maldad insuperable. Prometo que se me revuelven las tripas. Siento el asco más asqueroso que puedo sentir hacia un ser humano. Estos ordenadores, cd’s, grabadoras, tabletas y teléfonos son las pruebas que almacenan horas y horas del horror vivido por decenas y decenas de niños, desde recién nacidos a adolescentes, de los que abusaron, para su repugnante disfrute, al menos setenta y un hombres, ahora detenidos en Nueva York.

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