En todo Chile, de Arica a Punta Arenas, conviven con los terremotos con apacible prudencia. Es un país en el que hay una actividad sísmica casi constante. Los ciudadanos lo tienen interiorizado, forma parte de lo cotidiano, lo afrontan con un sereno escepticismo, similar al de quien mira llover pensando en que ya parará. Pero esta réplica ha sido intensa, más de lo habitual, y ha habido miedo. En Arica ha habido miedo.

Leer texto íntegro en http://theobjective.com/blog/es/