Puede ser suficiente un minuto en la vida de un hombre para hacer un héroe. Pero se necesita una vida entera para hacer de un hombre un santo. Y algunos santos nunca son santificados porque no edificaron su santidad sobre la ortodoxia de la jerarquía de la Iglesia, sino sobre la entrega a los demás y la bondad infinita. No es esta una reflexión sensiblera de inicio de año. Es una constatación que escribo desde la sede de la Fundación Vicente Ferrer, en Anantapur, en el estado indio de Andhra Pradesh, donde se ha hecho realidad un milagro.

Vicente Ferrer se fue, pero su obra permanece. El llegó a la India en 1952. Descendió al infierno en Mammadh, y allí se empeñó en desdecir a Dante y acreditar que se puede salir si uno empeña en la vida en el propósito. Abandonó la Compañía de Jesús en 1968 y fue expulsado de la India porque su bondad y su empeño en hacer realidad un milagro era subversivos.

En 1969 regresó a Anantapur y creó Rural Development Trust, un consorcio para desarrollo rural, el instrumento que le permitió generar la mayor transformación jamás conocida en un estado de la India a manos de una organización no gubernamental. En 1996 constituyó la Fundación Vicente Ferrer. Hoy su radio de acción es de 50.000 kilómetros cuadrados; más de 3 millones de seres humanos se benefician de sus proyectos; apadrina a más de 200.000 niños; tiene 5 hospitales con más de 500 camas; atiende a más de 60.000 mujeres en el Centro de Planificación Familiar; ha construido más de 1.700 escuelas, y tiene 77.000 alumnos en primaria y 67.000 en secundaria a cuya disposición ha puesto 120 bibliotecas; ha sacado agua de donde no la había creando 2.500 estructuras de preservación de agua; 24.000 hectáreas de tierra dedicada a la horticultura; 3.500 microempresas en el programa de generación de ingresos; ha construido más de 40.000 viviendas.

Podría estar páginas y páginas describiendo la obra de Vicente Ferrer, el santo al que probablemente nunca santificarán, y no serían suficientes para explicar hasta que punto Vicente ha cambiado la vida a tantos cientos de miles de seres humanos desfavorecidos que si no se hubieran cruzado en su camino seguirían en la miseria.

Lo dejo aquí. Mañana jueves, día 5, víspera de Reyes, les tengo preparado un formidable regalo. Desde las 8 de la mañana hasta las 12,30 haremos “Cada mañana sale el sol”, nuestro programa de ABC Punto Radio, desde Anantapur, y tendrán ocasión de escuchar a Anna Ferrer, la viuda de Vicente, su otro yo, y a su hijo Moncho, el sucesor que sigue sus pasos, y a muchos de los cooperantes que trabajan cada día aquí para seguir haciendo realidad el sueño de Vicente, el hombre que caminaba bajo un paraguas negro que nos enseñó a muchos algo tan sencillo como difícil practicar: no hemos nacido solo para nosotros, hemos de entregarnos a los demás.