El nuevo presidente de la Generalitat valenciana, Alberto Fabra, preparó su discurso de hoy en el Parlamento en estrecha colaboración con Paula Sánchez de León, vicepresidenta del Gobierno elegida por Camps y persona de absoluta confianza del ex presidente, que incluso peleó ante la dirección nacional del PP para que fuera quien le sucediera.

Fabra, consciente de la delicada situación que hereda, y conocedor de la batalla que se está librando y se va a librar en el PP valenciano tras la dimisión de Camps, y de los recelos que despierta en más de un dirigente, lleva desarrollando desde el pasado sábado una intensa tarea de “pacificación interna, y para su discurso de hoy, que preparó en su despacho de Castellón, dispuso de un texto previo elaborado por Paula Sánchez de León y su equipo, que le ha servido de base para su intervención final, después de darle algunos retoques personales con su gente de confianza, pero respetando la esencia de lo recibido”, según explicaron fuentes muy próximas al nuevo presidente valenciano.

Las mismas fuentes añadieron que el principal objetivo de Alberto Fabra es conseguir, a lo largo del mes de agosto, que las diferentes sensibilidades que conviven en el seno del partido “entiendan que vienen nuevos tiempos, que hemos de reconstruir un partido que arrastra demasiadas guerras internas, y que su intención es no hacer un solo cambio en el Ejecutivo y en los altos cargos, en ningún caso, hasta el mes de octubre”. Las instrucciones recibidas desde la sede central de Génova 13 son que no toque nada hasta después de las próximas elecciones generales, “y la intención de Alberto es respetar lo pactado, pero no es descartable que una vez que pase el verano y las aguas se calmen, vaya haciendo retoques poco a poco, tratando de que sean pactados, pero que le permitan incorporar a su entorno más cercano a personas de su máxima confianza, como es lógico”.

En el PP valenciano observan cada movimiento de Fabra con lupa. La guerra interna, la división entre “zaplanistas” y “campistas”, el elevado número de dirigentes salpicados en las tres provincias por casos de corrupción y las formas utilizadas en la salida de Camps dibujan un escenario “enormemente complicado, un campo de minas que el nuevo presidente está decidido a pisar sin que le estalle una sola. Tiene mano izquierda, pero no es un blando y va a tomar decisiones. No va a hacer una limpieza de altos cargos y va a confiar en muchos de los que están, pero necesita colocar a algunos peones de su confianza y lo hará, pero al estilo Rajoy, en silencio, sin alardes”.

Por el momento, su relación con Paula Sánchez de León parece que está siendo excelente, está siendo la persona que le está poniendo en antecedentes de los detalles de la realidad del Gobierno valenciano y mucho tendrían que cambiar las cosas para que Sánchez de León no permanezca largo plazo a su lado, aunque “la política es difícil y en Valencia la tarea que tiene el PP por delante no es nada sencilla, acuciados por problemas internos, por una Administración sin un céntimo y en la que al PP solo le salva que el PSOE está mucho peor”.