Desde que se produjo el terremoto en Lorca he leído y escuchado con atención a los expertos en construcción y en geología, dado mi desconocimiento absoluto de la materia. A estas alturas tengo ya algunas cosas claras. Sucede siempre que hay una catástrofe: uno lee y lee comentarios bienintencionados acerca de cómo las desgracias se ceban siempre en los más desfavorecidos, en quienes tienen menos posibilidades económicas, en los pobres. Como si se tratara de una maldición bíblica que cada equis tiempo se ceba con los menos ricos. Y no es así.

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En Lorca, como suele suceder en este tipo de tragedias sísmicas, buena parte de quienes han perdido la vida lo han hecho como consecuencia de haber sido alcanzados por partes de los edificios que se han visto afectados por el terremoto. Algunos perecieron sepultados por los cascotes de las casas que se han derruido. Y las construcciones que no han resistido este embate de la naturaleza han sido aquellas que, pese a haber sido construidas hace relativamente poco tiempo, lo fueron de modo defectuoso, es decir, que estaban al menos mal construidas, pues puede que también se pueda terminar diciendo que ilegalmente.

En Lorca hay edificios que se construyeron hace más de veinte años que aguantaron el terremoto en pie. Estaban en las zonas donde residen ciudadanos con más posibilidades económicas. Otros, edificados hace nueve o diez años, han quedado destruidos o inservibles. Se encontraban situados en zonas donde residían gentes más modestas que no saben que va a ser de sus vidas.

Esta es la realidad. Y es importante que las investigaciones se efectúen con rigor para sustanciar responsabilidades. No lo digo con ánimo de venganza. Lo expreso con ánimo de que se haga Justicia y de que los responsables aprendan para que no vuelva a suceder, ni en Lorca ni en ningún otro lugar. Hay casas y casas. Ricos y pobres. En Lorca como en todos lados. Y la naturaleza no la tiene tomada con los pobres. Lo que sucede es que ellos viven en peores condiciones y su desgracia a veces les cuesta la vida. Y es muy injusto. Que suceda y que no aprendamos. En el Siglo XXI esto no debiera haber sucedido. Ojala que al menos sirva para que la lección no haya que repetirla. Cueste lo que cueste. Una sola vida vale más que todo lo que se despilfarra sin sentido.