Una oleada con epicentro en las redes sociales ha generado importantes concentraciones en varias ciudades de toda España alentado la protesta contra la clase política. Más de 600 plataformas, asociaciones, blogs, colectivos…. y centenares de ciudadanos a título particular han puesto en marcha un movimiento, al margen de los partidos políticos, con el nexo común de denunciar el estado de las cosas y su inconformismo ante lo que consideran una situación límite. El asunto merece la atención y bien harían los partidos políticos, y los medios de comunicación y los periodistas en prestar atención a este movimiento 2.0 que sabemos más o menos cómo ha empezado pero que desconocemos hasta donde y cómo va a llegar.

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En “Democracia Real Ya” hay más de 600 grupos heterogéneos y ciudadanos no integrados en ninguna organización. Se autodefinen como indignados por el panorama político, económico y social, por la corrupción de políticos, empresarios y banqueros y por la indefensión de los ciudadanos ante los diferentes poderes. Se mezclan grupos como Anonymous con Intermon, la Plataforma de Apoyo a Baltasar Garzón con la Asociación por la Verdad del 11-S, la Asociación de Afectados por las Hipotecas con clubes culturales, asociaciones de aficionados a los deportes de alta montaña con la Asociación de Víctimas de Irregularidades Sanitarias, simpatizantes de #nolesvotes con otros de Juventud Sin Futuro… Cada grupo se diseña y se paga sus carteles y pancartas, aseguran no estar financiados ni dirigidos por nadie, niegan haber sido movilizados por el PSOE para incentivar el voto al PSOE, garantizan no ser antisistema violentos y prometen que han vetado los partidos en sus concentraciones.

HAY MUCHA GENTE SERIAMENTE CABREADA

Se equivocan los grandes partidos que pretenden capitalizar estas protestas y obtener votos a su costa, como hicieron PSOE e IU. Les hacen daño los violentos que se suman a la hora undécima para organizar incidentes y enfrentamientos con la Policía. No miden bien los dirigentes del PP que desprecian a quienes han salido a la calle. En España hay mucha gente cabreada, seriamente cabreada con el stablishment, con los políticos, banqueros, grandes empresarios, grupos de comunicación….con quienes dirigen los destinos de tantos. El personal, además de indignado, está insatisfecho del funcionamiento de las instituciones. Que nadie piense que se trata de un grupo de jovenzuelos aburridos con ganas de liarla parda. Hay mucha gente de entre 30 y 55 años sumada a estos movimientos. Hay que situar las cosas en el punto donde se encuentran, escuchar a los que protestan, entender por qué han salido a la calle. Y quienes lo han hecho, bien harían en mi opinión en procurar que la jornada de reflexión del sábado fuera pacífica, serena, sensata y que las aguas no se salgan de su cauce. Como bien harían en no desaparecer del mapa tras las elecciones del 22 y seguir con sus protestas, porque entonces sería legítimo pensar que se trataba de un movimiento con intereses concretos en relación a la cita electoral municipal y autonómica.

Miro con simpatía inicial este movimiento. No lo niego. Lo digo abiertamente. Coincido en que es imprescindible acometer un proceso de reforma a fondo, de regeneración democrática verdadera, y soy de los que lleva diciéndole en público muchos años. Creo que es imprescindible rellenar de contenido los derechos de participación de los ciudadanos, reformar la Ley Electoral, introducir las listas abiertas, obligar a los partidos a cumplir el mandato constitucional de funcionar democráticamente, articular un sistema que obligue a los representantes a rendir cuentas a los representados y no a quienes elaboran las listas en sus partidos, revivir la separación de los poderes del Estado, reformar los sistemas de elección de los miembros del Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Constitucional, modificar la regulación del Ministerio Fiscal y el modo de designar al Fiscal General del Estado, reformular unas Autonomías que hacen aguas y que suponen un lastre insoportable para nuestra economía, revisar la Administración municipal y en su caso recortarla, hacer real una igualdad de todos los ciudadanos ante la ley que es una quimera hoy en día……. y tantas cosas más que harán probablemente imprescindible reformar nuestra Constitución.

LA REGENERACION SE HA DE HACER DESDE DENTRO

Estamos ante un asunto muy serio que no se puede despachar frívolamente. Tengo claro, una vez expresada mi simpatía inicial ante este movimiento ciudadano, que para lo que debe servir es para espolear y encauzar un sentimiento generalizado obligando a los partidos políticos a reaccionar y proceder a acometer este proceso de reformas. Esta regeneración se ha de hacer desde dentro, no es deseable ni planteable en serio un Estado asambleario. Hay que crear un clima de opinión pública que fuerce, que obligue a los partidos a tomárselo en serio.

Otras cosas de lo que estamos viviendo en la calle me disgustan. Por ejemplo, esas minorías violentas que flaco favor le hacen a la causa de la regeneración democrática. O aquellos que exigen democracia real y no quieren libertad de información, y acosan, insultan y se conducen violentamente contra periodistas de la  agencia Efe, Telemadrid, Intereconomía o la Cope. Sin libertad de prensa no hay democracia amigos. Tampoco comparto algunas iniciativas que reclaman mayor gasto público y más impuestos para salir de la crisis, es decir, lo contrario de lo que dicen reclamar: no es más Estado y menos sociedad lo que necesitamos, sino más sociedad civil, más acceso a la participación política y menos intervencionismo. En definitiva, más libertad.

No me molestan las utopías. Pero creo que es importante ser realista e insistir en la reclamación y la exigencia de hacer real lo posible. No le pongamos apellidos a la democracia. La historia demuestra que no es bueno. Empleemos todos nuestros esfuerzos en modificar las cosas, porque es posible. Otra política es posible. Y para ello los políticos actuales tendrán que decirnos sin son capaces de hacerla. Si no lo son, si no asumen la realidad de lo que desean la calle, si no son capaces de entender lo que está pasando, entonces sí que corremos el riesgo de que la espiral se desboque por un camino no deseado. No es en la marginalidad, en los extremismos, en la agitación por la agitación o en la demagogia donde vamos a encontrar las soluciones. Pero si desde dentro del sistema de sufragio universal, democrático, representativo, no somos capaces de articular las reformas que son evidentemente imprescindibles, entonces nuestro futuro es oscuro. Es posible hacerlo. Solo hace falta quererlo.Nada más. Y nada menos

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