El triunfo de ETA que supone la resolución del insufriblemente politizado Tribunal Constitucional daría para escribir miles de líneas. Voy a centrarme en dos aspectos que creo que resumen perfectamente lo sucedido. Quien más me ha aclarado lo sucedido, sin duda alguna, ha sido Iñigo Urkullu. El pope del PNV ha sido claro como el agua y con sus palabras despeja cualquier duda que pudiera existir: “Para favorecer la legalización de Bildu hemos hecho lo posible y lo imposible, hemos hecho cosas que se pueden contar y otras que no”, para añadir, eso sí, que “en ningún caso ilegalidades o nada parecido, sino gestiones que quizá es mejor tenerlas en secreto”.

Claro como el agua. ¿Qué gestiones ha hecho el PNV? ¿Ante quien las ha hecho? ¿Dónde las ha hecho? ¿De motu propio o por encargo de alguien? El señor Urkullu no puede responder a estas preguntas, pero con lo que nos ha dicho es más que suficiente, porque deja claro que los magistrados del Tribunal Constitucional no han adoptado una decisión con base en el ejercicio de su independencia, en el análisis de la constitucionalidad de la resolución del Tribunal Supremo. De haber sido así, que es lo que establecen las reglas del juego legal y democrático, ni el PNV ni nadie tendría que haber hecho absolutamente nada para conseguir una resolución favorable a sus intereses, y de haberlo hecho debiera haber sido denunciado públicamente por los miembros de este TC que da……iba a decir pena, pero prefiero ser sincero y decir asco. Porque asco es lo que me da observar cómo una y otra vez estos magistrados hunden su prestigio resolviendo no en función de sus conocimientos jurídicos y de la valoración de los preceptos legales, que es su obligación, sino obedeciendo consignas políticas cuya orientación varía en función de los intereses de quienes tienen el control del Ejecutivo.

En segundo lugar, Rubalcaba, conmovedor, si no fuera insultantemente penoso: “El Estado de Derecho funciona así, me siento cómodo en este papel de respeto a las resoluciones judiciales”. A otro perro con ese hueso, señor vicepresidente. ¿Cómo que en un Estado de Derecho quienes tienen que velar por la constitucionalidad de las resoluciones judiciales resuelven en función de las presiones del Ejecutivo y sus socios? ¿Cómo va a estar cómodo con una resolución del TC que da vía libre a los terroristas  para volver a las instituciones, gobernar decenas de Ayuntamientos, obtener dinero público, acceder a los datos del censo y a cobertura legal de que disfrutan los representantes institucionales? ¿No habían presentado las FSE de las que usted es responsable las pruebas que acreditan que Bildu es ETA? ¿Está cómodo con una sentencia que posibilita a ETA presentarse a las elecciones”. Ah, perdón es que es usted un demócrata que respeta las decisiones judiciales. Pero hombre, señor vicepresidente, ¿es que en la democracia que a usted le gusta no es compatible el respeto a una resolución judicial con la crítica argumentada de la misma? ¿No cabe en su Estado de Derecho la expresión de las opiniones? ¿Constituye un acto de desacato criticar una decisión judicial?

LO QUE FUNCIONA ASI NO ES EL ESTADO DE DERECHO, ES EL REGIMEN QUE PADECEMOS

A otro perro con ese hueso señor vicepresidente. Existen las hemerotecas amigo, y no fue así como actuaron usted y sus acólitos cuando otras resoluciones judiciales del Tribunal Supremo no resultaron favorables a sus intereses. Le voy a recordar un texto que usted defendió tras la sentencia que condenó a correligionarios suyos por secuestrar a un anciano viajante de comercio, mantenerle una semana en una cabaña en pijama y finalmente ponerle en libertad tras, eso sí, haberse palnteado la posibilidad de enterrale en cal viva, como hicieron con dos etarras unos meses antes: “Este juicio fue impulsado en el contexto de una operación política para desplazar al PSOE del poder…tuvo una instrucción plagada de irregularidades que privaron de las garantías procesales a los acusados…y hubo una presión político-mediática intolerable sobre el Tribunal para quebrar su independencia e imparcialidad”. Entonces tenía usted otra opinión, ¿verdad?

Lo que funciona así, señor Rubalcaba, no es el Estado de Derecho, es el Régimen que padecemos, en el que los partidos políticos se pasan por el arco del triunfo la separación de poderes y reproducen miméticamente en el Judicial la aritmética parlamentaria del Legislativo para que el Ejecutivo lo controle todo, lo cual supone la certificación de defunción de la esencia de un Estado de Derecho. Claro que ustedes, por boca de inefable Alfonso Guerra, lo dijeron muy clarito hace muchos años: “Montesquieu ha muerto”.

Y ante un asunto de tal gravedad, Mariano Rajoy, según todas las encuestas próximo presidente del Gobierno, va y dice en el arranque de campaña que no desea que el asunto de Bildu “relegue a un segundo plano los problemas de los ciudadanos”. O sea, que el líder de la oposición considera que esto del terrorismo, más de mil muertos, la presencia de los terroristas en las instituciones, constituye una preocupación menor, no forma parte de las preocupaciones de los españoles. Vamos, que los ciudadanos carecen de principios, no tienen convicciones, y solo nos interesa que nos cuenten en sus mítines de campaña milongas repetidas en forma de promesas de las que, además, tantas veces se olvidan una vez que los ciudadanos han depositado su voto en las urnas. ¿Y cree que de este modo invita a la participación? Yo conozco a más de uno que se lo está pensando.