El polémico trabajo de los colegas de Wikileaks está sirviendo para abrir los ojos de muchos que los tenían cerrados ante los abusos que los estados y los Gobiernos cometen al amparo de la siempre inadmisible “razón de estado“. Esta semana hemos leído y visto en el diario británico The Guardian la última perla. El periódico desvelaba varios documentos elaborados en secreto en los que se narra con máximo detalle qué métodos empleó el Ejército de Su Majestad para conseguir información de los detenidos en Irak. La información iba acompañada de un video muy explícito. Desde el martes el Guardian ha publicado varios artículos y análisis interesantes sobre esta salvajada. No es ninguna novedad, no es la primera vez que sucede, pero no deja de repugnarme cada caso que sale a la luz.

Hay algunos, pero pocos comportamientos del ser humano que me parezcan más reprobables que la tortura. Y ver cómo los Ejércitos de países supuestamente democráticos incurren una y otra vez en los mismos comportamientos es descorazonador. Y escriben, los muy canallas, redactan esos textos seguro que vestidos con sus uniformes repletos de medallas. Forman a ciudadanos para que provoquen en los seres humanos a los que detienen “humillación, inseguridad, desorientación y agotamiento hasta llevarlo a un estado de ansiedad, terror y miedo”. Les explican cómo pueden conseguirlo. Les adoctrinan acerca de cómo han de desnudarles antes de comenzar, vendarles, generarles malestar físico, taparles la cabeza con bolsas, taponarles los oídos, colocarles esposas muy apretadas para complicar la circulación de la sangre, no dejarles dormir más de cuatro horas seguidas…..

A esos mandos de los Ejércitos les importa cero que estas practicas estén absoluta y tajantemente prohibidas por el Derecho Internacional (a ellos les vamos a ir con chorradas), que las Convenciones de Ginebra y todos los tratados de derechos humanos sean tajantes al respecto. A esos militarotes tan valientes les importa cero violar las leyes porque saben que al final les sale gratis, que paga uno por cada mil. Ellos, los que ordenan hacerlo, los que enseñan a sus subordinados cómo torturar, son los responsables máximos. No resto un ápice de culpa a los soldados que practican este comportamiento inaceptable, pero no lo harían si no hubieran sido formados para ello y no recibieran las correspondientes ordenes. Y cuando en sus documentos, clasificados por supuesto, o sea, secretos, redactan que la “privación sensorial” es legal siempre que “existan motivos operacionales válidos” tranquilizan su conciencia. Que asco de tipos.

El video que acompañaba la información de The Guardian es aterrador. No hay golpes. No corre la sangre. Todo eso viene después y nos lo imaginamos perfectamente. Es un video que ilustra de modo clarísimo cómo se empiezan estas cosas, cómo sus obedientes soldados aplican los manuales muy aplicadamente.

Quería escribir estas líneas para recordar que esto sigue sucediendo. Se muy bien, no soy tan iluso, que con este artículo no evitare ni un sólo caso de tortura. Quizá si cada uno de nosotros, los que consideramos inaceptable estas practicas, cada día nos quejáramos, lo denunciaramos, lo escribiéramos, lo gritáramos como gritan ellos a los detenidos…. podriamos avanzar en la lucha contra esta barbaridad. O no. Pero me apetecía escribirlo y compartirlo con vosotros. No pienso acostumbrarme a convivir con este horror. Me niego a que cada nuevo caso que se conozca, probablemente uno de cada mil de los que suceden cada día en el planeta, lo archivemos a beneficio de inventario. No hay motivo operacional que valga para justificar el maltrato de los seres humanos. No hay ideología, bandera, causa, religión, guerra o patria que justifique un sólo caso de tortura. Que asco me da a veces la condición humana. Cuanto canalla hay siempre detrás de cada motivo operacional. Si estás de acuerdo, cuentaselo a todos los que puedas, que todos sepan que no lo justifiques.

Fijaros si me repugna, si me parece inaceptable, que ni siquiera a ellos, a los que incurren en estos comportamientos u ordenan a otros hacerlo, les aplicaría yo su propia medicina.