Manuel Alexandre se nos ha ido. Le quedaba menos de un mes para cumplir 93 años. La alforja de su curriculo tenía el peso de más de 300 películas, entre ellas alguna tan maravillosa como “Bienvenido Mr. Marshall”, “Calle Mayor”, “Plácido”, “El verdugo”, “El bosque animado”, “El ángel de la guarda”, “¿Y tú quien eres? o “12 hombres sin piedad”. Ha quedado para siempre, y así lo atestiguan casi todos los obituarios, como “el gran secundario”. Estoy bastante de acuerdo con Antonio Soler en que Manolo era, sobre todo, dos cosas: el actor y una voz.

Tengo el honor de haber sido el productor ejecutivo de su última película, “20-N, los últimos días de Franco”, una peli que hicimos en Mundo Ficción para Antena 3, que, siento la inmodestia, fue un gran éxito. Cuando dos de los grandes del cine español, Miguel Torrente, productor, y el gran Roberto Bodegas, director, me propusieron a Manolo para hacer de protagonista de la película sólo me dió rabia que no se me hubiera ocurrido a mí.

El rodaje fue un lujo. Las horas que pasamos en las localizaciones reales no las olvidaré jamás. Ver allí a Manolo, sentado en el despacho que fue de Franco; en la sala de consejos donde el dictador se reunía con sus ministros; tumbado en la cama que fue la cama de Franco en la habitación que fue de Franco en el Palacio en el que vivía Franco me hizo revivir años que no olvidaré jamás y me hizo sentir honrado de poder decir que he trabajado con uno de los grandes del cine español.

Manolo estaba ya muy mayor. Lamento no haberle tratado más, no haberle conocido antes. Descubrí a un hombre tan formidable de espíritu, tan vivo segun se acercaba a la muerte, tan cercano, tan bueno, tan irónico, con esos ojos tan traviesos de haberlo visto todo. Me pareció un tipo culto, avispado, perspicaz, que siendo una parte de la historia de nuestro cine trabajaba como si fuera un meritorio. Tendriais que haberle visto en los ensayos, junto a Fernando Cayo, que hacía de Príncipe Juan Carlos. Le pregunté, asombrado ante el parecido con el general, así, vestido con su uniforme, si le habían confundido muchas veces con el dictador: “¿A mí?, que coño, a mí con quien me confunden es con Vicente Aleixandre, el poeta, que tiene el Nóbel”. O cuando le dije que me explicara, sincero, si le molestaba interpretar el papel del dictador: “De la guerra civil me repugnan los unos y los otros. De esa época no quiero saber nada, paso de la memoria. Yo tengo memoria para las mujeres y los amigos. Y yo interpreto a Monchito o a Franco con el mismo entusiasmo. Soy actor y preparo mis personajes, e interpreto, pero quienes han de recordar bien lo sucedido, y saber contarlo, son el guinista, el director y el productor”.

Nunca olvidaré como me explicaba que era incapaz de rodar una secuencia en la que Franco era intubado en su habitación: “Melchor, me muero, si pretendeis meterme un tubo en la boca y que este así tumbado en esa cama tanto tiempo me muero en el rodaje cabrón. ¿Que quieres, que palme trabajando para ti? Los cojones. Haz un muñeco“. Y lo hicimos. Y Manolo hizo el último papel de su vida, uno de sus pocos protagonistas. Y estoy muy orgulloso de haber sido su productor, y es un honor poder decir que Miguel, Roberto y todo el equipo de Mundo Ficcion hemos sido los últimos en trabajar con este grande del cine, y además, en un papel que como el mismo me dijo, le hizo feliz: “No creo que dé para más amigo Melchor. No estoy para muchos trotes. Esta puede ser mi última peli. Y de prota. Va a ser un buen final”. Y vaya si lo ha sido Manolo. Gracias por tu entrega a ese papel, gracias por tu talento, gracias por tu humanidad, y no sabes como me jode no haberte conocido antes. Descansa Manolo, que te lo mereces.

PS: no oculto mi asombro por lo poco que se ha escrito en estas horas del papel de Manolo en “20-N, los últimos días de Franco”. Hizo un trabajo excepcional, superados los 90 años. Solo un profesional como él, de tanta talla, podía haber hecho un papelazo como ese. Y no lo siento por mí, de veras, que soy un secundario, lo siento sobre todo por él, que fue feliz preparándolo e interpretando un gran papel protagonista, y lo siento porque Miguel Torrente, Roberto Bodegas y el equipo de Mundo Ficción se lo merecen. Pero esa es otra película.