Todo el mundo sabe que acudo con diferente asiduidad al debate político de La Noria. Ello no me ha impedido criticar en libertad, muchas veces en directo, aquello que no me ha gustado del programa. Con una libertad que en otros medios no existe.

Asistimos desde hace dos semanas a un linchamiento formidable de una cadena, Tele 5, y de un programa, La Noria, tras el cual intuyo que existen intereses cruzados, no todos ellos ejemplares.

Nadie obliga a un ciudadano a consumir una cadena de televisión u otra. Nadie se ve forzado a comprar un periódico u otro. Todos somos libres de consumir un producto informativo o de entretenimiento u otro.

Me repugna la pretendida superioridad moral de quienes fustigan a la cadena líder y al programa tantas veces líder. Y más aún cuando muchos de quienes se han lanzado a la yugular de Tele 5, La Noria, Paolo Vasile, Jordi González y el equipo de profesionales que dirige Roberto Ortiz acogen en sus páginas, en sus parrillas o en sus ondas los mismos contenidos, personajes, asuntos y planteamientos, pero con la diferencia de que lo hacen peor y son menos leídos, vistos u oídos.

Y qué decir de unos anunciantes que, intuyo, han visto una ventana de oportunidad para obtener publicidad pretendidamente pura abandonando los cortes publicitarios de La Noria en defensa de una supuesta calidad o contra el horror de un contenido reprobable.

¿Por qué si Antena 3 o Cuatro entrevistan a la madre de “El cuco” hacen periodismo y si lo hace La Noria es basura? Porque ha mediado dinero, dicen. El parné. Maldito parné. ¿Hacemos lista de los medios escritos o audiovisuales, que han pagado a alguien, con dinero o con prebendas, a cambio de una información o una entrevista? Mejor no.

El cinismo, el sectarismo, los intereses económicos, la guerra de las audiencias, los “egeemes”, los “kantarmedias”, lo “ojotadés” y demás sistemas de medición de audiencias han activado las alarmas contra una cadena, Tele 5 que, guste o no, ha armado una parilla ganadora. Puestos a encontrar cosas que no me gusten de Tele 5 se me ocurren mil, y nunca los anunciantes se han avergonzado de insertar sus anuncios en esos espacios.

No nos engañemos. Y si queremos abrir un debate sobre los contenidos de las televisiones, las radios o los periódicos, con los anunciantes como vigilantes de la moral patria, propongo que comencemos con los informativos, con la promiscuidad de tantos pretendidos periodistas con quienes nos gobiernan, con tantos mensajes trufados de intereses bastardos. Eso sí que es inmoral y hace daño a las esencias del sistema. Como los anunciantes se lo piensen y entren a fondo en el asunto se van a ahorrar una pasta. Pero claro, no interesa. Que gire la noria. ¡Manda huevos!