DEPRESION
La tasa de paro en el 24,4% (51% de paro juvenil, 1,7% de hogares con todos sus miembros desempleados, 4 de cada 10 parados sin cobrar subsidio); la deuda disparada; la renta familiar tiritando por el paro, la subida de los impuestos y la inflación; las exportaciones bajo mínimos; el consumo privado por el subsuelo como no puede ser de otro modo; el precio de las viviendas en caída libre; activos más que deteriorados; una morosidad brutal; las empresas del IBEX perdiendo valor; el déficit del Estado en el primer trimestre en el 1,85% del PIB; Ayuntamientos y Comunidades Autónomas con el agua al cuello; la banca, en especial las Cajas, pésimamente gestionada, requiriendo un volumen bestial de dinero para salvarles, pendiente de que manu militari se las embride desde el Gobierno, y recibiendo inyecciones del dinero de todos. ¿Por qué llamarle recesión si todos sabemos que es una depresión de primera, una crisis económica de primer orden acumulativa, prolongada en el tiempo y de una profundidad desconocida por varias generaciones? Y si no les gusta el término depresión, si quieren, podemos llamarlo quiebra.
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