No se nada de medicina, del dopaje en el deporte conozco poco más de lo que leo en los periódicos y de deporte no soy más que un mero aficionado, muy aficionado, pero nada más. Aún así, y con estos condicionantes previos para el lector, quiero expresar algunas consideraciones personales acerca de la gran operación policial contra el dopaje en el atletismo que se lleva a cabo desde el pasado jueves, con la detención de la gran campeona Marta Domínguez como máximo exponente. Tengo para mí que España ha comenzado tarde la lucha contra este fraude, al menos en comparación con otros países, pero me da la impresión de que nuestras autoridades deportivas se lo han tomado muy en serio.

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No me gusta nada la tendencia a las grandes operaciones contra estructuras delictivas, a las que se suelen poner por ciertos nombres a veces grotescos, que tras semanas y semanas de titulares de prensa favorecidos por filtraciones interesadas que dinamitan la imagen ante la opinión pública de los detenidos e implicados, terminan en nada en términos judiciales y en insignificantes líneas en las secciones de “breves” de los medios de comunicación. Dicho eso, creo que el dopaje en el deporte ha de ser perseguido por todos, especialmente por quienes lo practican y por quienes tienes responsabilidades organizativas o directivas.

No sé hasta dónde llega el nivel de penetración del dopaje, creo que es un asunto que es responsabilidad de quienes incurren en ese comportamiento y de quienes se dedican a formar y entrenar a jovenes chicas y chicos con capacidad para la actividad deportiva pero a quienes ellos probablemente analicen a veces como herramientas para cosechar éxitos que a ellos les recompensen profesional y economicamente.  He hablado con muchísimos expertos en la materia y con muchísimos deportistas y estoy convencido de cuatro cosas: la primera, que salvo excepciones que no son regla, la mayoría de los grandes campeones de la alta comeptición del deporte profesional no se dopan; segunda, que el dopaje no garantiza siempre la mejora del rendimiento del deportista; tercera, que son dos los deportes en los que el dopaje constituye un problema de envergadura en España, el ciclismo y el atletismo; y cuarta que los indeseables médicos, preparadores y deportistas que han tratado de hacer trampas con el dopaje en estas dos disciplinas deportivas han disfrutado de una impunidad introlerable durante muchos años.

Desde el jueves al estallar esta “Operación Galgo”, como sucedió antes con las operaciones “Puerto”, “Grial” y las demás, me preguntan cada poco si los éxitos cosechados por el deporte español en tantas diversas disciplinas es consecuencia de un dopaje generalizado de nuestros grandes campeones. Estoy convencido de que no. Puede haber casos en cualquier deporte, pero me parecería muy injusto contribuir a que la mancha de aceite de la sospecha se extendiera de modo que queden señalados muchos deportistas que han llegado a lo más alto como consecuencia de su talento, de su esfuerzo y de su preparación.

Los grandes futbolistas de que disfrutamos en España desde hace tiempo (desde Raúl a Iniesta pasando por Xavi, Xabi, Casillas, Villa y tantos otros a los que es imposible citar sin ocupar todo el espacio de este post); los magníficos jugadores de fútbol sala que liderados por mi amigo Javier Lozano lo han ganado todo; la generación que con Pau Gasol como mascarón de proa, lo han ganado todo, de la que forman parte tipos a los que admiro y en algunos casos quiero tanto como Marc, Juan Carlos Navarro, Raúl López, Ricky Rubio, Felipe Reyes et al; la grandísima en todos los sentidos Amaya Valdemoro y el resto de chicas que han ganado a tantos para la causa del bellísimo y ganador baloncesto femenino; Gemma Mengual y las demás nadadoras que nos han eclipsado con su talento y la belleza de sus exhibiciones campeonas; Nadal y los tenistas que conforman una generación probablemente irrepetible; Lorenzo, Pedrosa, Márquez y las decenas de excelentes pilotos que llevan años copando las primeras plazas de todos los mundiales de motociclismo; Fernando Alonso, y tantos otros pilotos que han ganado o han estado en lo máximo de tantas competiciones automovilísticas; David Cal y tantos piragüistas que no se han cansado de ganar medalla tras medalla en las grandes competiciones; una generación de jugadores de balonmano que lo han ganado todo con sus clubes hasta que en 2005 se llevaron el Mundial de Túnez; los grandes títulos que cada año consiguen nuestros jugadores de hockey sobre ruedas…….No dudo de ninguno y soy consciente del formidable mérito que tienen ellos principalmente, pero también quienes a su alrededor les han formado, preparado y dirigido. Sería una intolerable injusticia pensar ahora que todos estos éxitos son consecuencia de un proceso de trampa permanente de nuestros deportistas.

En el ciclismo y el atletismo la cosa es diferente, porque la realidad demuestra que no se si por las características específicas de estos deportes, por la impunidad de médicos y preparadores indeseables, por la complacencia y la complicidad de algunos deportistas, son dos disciplinas en las que se han multiplicado los casos. Hay nombres, como el del ginecólogo Eufemiano Fuentes, que salen a relucir desde hace años en cada operación contra el dopaje que se pone en marcha.  No todos los atletas y ciclistas se dopan, pero es verdad que ha habido demasiados casos en ambas disciplinas como para que a día de hoy el ciudadano medio que se limita a seguir las competiciones deportivas a través de los medios sospeche que el asunto afecta a casi todos. No es justo, no es probablemente cierto, pero es así, desgraciadamente, porque cuatro de cada cinco casos de dopaje en el deporte español se da en estos dos deportes tan bellos y tan duros, a los que se dedican muchos hombres y mujeres honrados y limpios que quizá han tardado demasiado en callarse ante una realidad que o bien conocían o bien intuían por tenerla cerca cada hora de cada día.En otros deportes puede surgir manzanas podridas que no contaminan toda la cesta. En el atletismo y en el ciclismo el número de manzanas podridas que ocupaban la cesta era manifiestamente excesivo como para considerarlo una excepción, y ello es matador para todos los que practican dos deportes bellísimos que ahora generan una desconfianza tan probablemente injusta como comprensible.

Veremos en qué termina esta operación, esperemos a que se sepan todos los detalles y se conozcan todas las pruebas antes de condenar a Marta Domínguez y toda la troupe, pero es sin duda imprescindible el máximo rigor en la persecución de quienes manchan el deporte, una actividad noble y maravillosa que tantas alegrías nos ha dado a todos, quienes lo amamos y quienes simplemente lo disfrutan a ratos, y que de siempre ha constituido uno de los síntomas de desarrollo y modernidad de las sociedades. El deporte limpio merece la pena. El dopaje adultera una actividad excelsa en la que se delegan en el cuerpo algunas de las más formidables virtudes del alma del ser humano, como el carácter, la confianza, la energía, el espíritu, la audacia, la inteligencia, el arrojo, la astucia, el talento, la paciencia…Creo que fue Orwell quien describió al deporte como una guerra sin armas. Que certero, que bonito y que expresivo. Lo que no recuerdo es quien dijo algo que comparto y que creo que resume lo que para mí es y significa el deporte, intuyo que como para tantos: casi siempre, cuando cojo entre mis manos un diario, suelo ir directo a las páginas de deportes, pues allí es donde quedan registrados los logros del ser humano; en las páginas previas lo que encuentro son los fracasos.