Puede ser suficiente un minuto en la vida de un hombre para hacer un héroe. Pero se necesita una vida entera para hacer de un hombre un santo. Y algunos santos nunca son santificados porque no edificaron su santidad sobre la ortodoxia de la jerarquía de la Iglesia, sino sobre la entrega a los demás y la bondad infinita. No es esta una reflexión sensiblera de inicio de año. Es una constatación que escribo desde la sede de la Fundación Vicente Ferrer, en Anantapur, en el estado indio de Andhra Pradesh, donde se ha hecho realidad un milagro.
Leer el artículo completo »