Artículos en la categoría: periodismo

Escribo estas líneas desde Puerto Príncipe, capital de Haití, en una isla que se llamó La Española. Este es un país en el que la tierra se ha abierto bajo los pies de sus habitantes muchas veces, y todo han sido escombros. En el que la democracia no es ya ni un sueño. El único anhelo de la mayoría es comer. Y aquí sigue, en la miseria, inmensamente pobre, plagado de nadies de los de Galeano, que valen menos que la bala o el drama o la epidemia que les mata. Pero sigue. Tienen los haitianos mucha dignidad, y mucha fuerza, en el cuerpo y en el alma.

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Mas, y la compaña, siguen en su desatino identitario. Cameron salva el partido a punto de sonar la camapana. Salmond se va, y Sarkozy vuelve. El régimen en España sigue tomándonos el pelo en la lucha contra la corrupción. Pujol y el resto de la banda prosiguen con la defensa pactada. Uno que lo sabe todo sobre la merde y las componendas habla cada día con periodistas y se plantea una entrevista pública para asomar la patita y desencuadernar a más de uno. Y se sigue hablando de Pedro Sánchez y su llamada a Jorge Javier en Sálvame, y su presencia en el hormiguero de Pablo Motos..

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El escándalo Pujol está en el horno. Y queda mucha cocina. Arden los despachos donde se cuecen estás inmundicias. En Cataluña. Y en Madrid. Hay atasco de tráfico de influencias. Porque la estructura delictiva puesta en marcha por Pujol, diseñando una Administración al servicio de una familia, como atinadamente describió ABC, comenzó a gestarse durante el franquismo, al cobijo del dictador, y ahora se va a ir al garete con Artus Mas de bufón de la cosa.

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Pues sí, ya es una realidad. Ha nacido Cuerdos de Atar Producciones S.L.. Es una productora de la que soy socio fundador junto a Guillermo Gómez, un buen amigo con el que he librado ya algunas batallas. Cuerdos de Atar va a dedicarse a la producción audiovisual en todos sus ámbitos. Vamos a hacer televisión en todos sus géneros, y haremos ficción tanto para tele, como para otros soportes.

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Malos tiempos para el periodismo. Por la obsesión pertinaz del rajoyismo en la persecución de los no obedientes, y también por la docilidad de muchos periodistas y empresas editoras prestas a la genuflexión y a la entrega de cabezas para salvar las cuentas de resultados. Y al calor de la persecución, todavía hay en la bancada popular, y en otras, quienes siguen con la cantinela cansina de reclamar a los periodistas objetividad. Objetividad, dicen. “Es que no sois objetivos”, es la frase. O sea, según la R.A.E., cualidad de objetivo, perteneciente o relativo al objeto en sí mismo, con independencia de la propia manera de pensar o de sentir. Desinteresado, desapasionado. No se por qué lo llaman objetivo cuando quieren decir manso, sumiso, genuflexo o maleable.

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Escribo desde el departamento de Bolívar, en la Costa Caribe de Colombia, en una aldea llamada El Salado. Es de esos lugares apartados que terminan siendo conocidos por una minoría cuando padecen una tragedia. Cuando a muchos seres humanos, como escribió Alberto Salcedo Ramos, les llega la hora de morir para que se sepa que existen, o han existido. Aquí, entre el 16 y el 19 de febrero del año 2000, el drama fue de aúpa. Los paramilitares, el Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUP), que comandaba Rodrigo Tovar Tupo, “Jorge 40”, asesinaron a más de cien de personas. Arrancaron orejas con los mismos cuchillos carniceros con los que después cortaron cabezas que utilizaron para jugar al fútbol. Durante tres días, sin que nadie se enterara, tras apostar a los habitantes del pueblo, indefensos, en la cancha de baloncesto y fútbol de la plaza, violaron a mujeres, niñas y niños. Maltrataron a ancianos y jóvenes. Sometieron a todos a escarnio y sevicia. A unos los mataban a tiros, con armas ligeras, y a otros les aplastaban la cabeza a martillazos, o se las cortaban con motosierras. Y en el paroxismo del mal, tras fusilar a Nayibis Osorio le clavaron en la vagina una estaca de ensartar tabaco.

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