Artículos en la categoría: periodismo

Desde que nació, Matías Antolín fue el peor enemigo de sí mismo. Nació culto y leído, con el humor y las malas pulgas siempre a flor de piel, y con un bolígrafo de plástico pegado a la mano, escribiendo con esa letra pequeña y minuciosa cada respiración de esa vida que vivió con intensidad y que malvivió con su cuerda locura desde que Ingrid se fue y le dejó en una soledad del alma y el corazón que jamás pudo superar.

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Después de más de tres años escribiendo semanalmente en el diario ABC todos los miércoles, artículo que podíais leer también en mi blog, desde mañana no continuaré con esa colaboración. De mutuo acuerdo, ambas partes hemos decidido separar nuestros caminos por el momento. Quiero dejar constancia escrita de mi agradecimiento al diario ABC por haber acogido durante todo este tiempo mis reflexiones, y por haber respetado de modo absoluto mi libertad para expresarme sin ningún condicionante, aunque en más de una ocasión he sostenido posiciones muy diferentes a las que mantenía editorialmente el periódico.

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Cincuenta y cinco minutos en el infierno dan para mucho. Durante ese tiempo, mientras un tipo te amenaza muy en serio a ti, a tu equipo y a tu familia, en ese orden, te da tiempo a pensar cómo debes reaccionar, qué debes decirle a quien quiere trincarte, como tienes que alargar la conversación para ganar tiempo, lo esencial que es ser capaz de alcanzar tu teléfono móvil para comunicar a la vez con tus colegas que duermen en otras habitaciones del mismo hotel y desear que todo termine rápido, aunque sabes que no va a ser así.

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Escribo estas líneas recién aterrizado de México. Ayer leyeron ustedes el relato de cómo casi nos cuesta la vida tratar de documentar el horror que viven tantos en este país. Transitaba con mis cuerdos de atar y con los nadie centroamericanos, por un Estado que es, como en el cuento de Cortázar, casa tomada. México se pudre. Es el trópico del delito. La sede de la desolación. Las fosas escupen huesos. Las flores son de fuego. El crimen organizado (narcos, sicarios, pistoleros, zetas, cárteles, tratantes de seres humanos y demás ralea) corre por las venas del Estado y se confunde con los tres poderes. Nadie está a salvo de desaparecer sin que jamás alguien pague por ello. Y los malos, que nunca sabes por dónde te van a salir, te parten la madre, te brincan, te chingan en cuanto huelen el miedo o la debilidad. Porque de eso se trata, de que se les tenga miedo.

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(El columnista de ABC Melchor Miralles relata el intento de secuestro que sufrió en Tapachula (Chiapas) mientras grababa un documental sobre la inmigración”)

En México si a las tres de la madrugada suena la puerta nunca es el lechero. Desgraciadamente he podido comprobarlo junto al equipo de Cuerdos de Atar con el que estaba hospedado en el modesto y coqueto hotel La Casa Rosada de Tapachula (Chiapas). Lo que sonó a las tres y media de la mañana del pasado sábado en mi habitación, la 102, fue el teléfono de mi mesilla. Y no era el lechero, no, era un tipo que tras presentarse como responsable del cártel “que controla este Estado” de Chiapas, recordarme que “aquí no mandan la Policía, ni el Ejército, mando yo”, evidenciar que tenía mis datos personales e invitarme a que no se me ocurriera encender la luz. “Estamos fuera guey, te vemos”. Me dejó muy clarito desde el inicio que me tenían visualmente controlado y que si no me mostraba colaborador me asesinarían a la vez que asesinarían a mi familia en Madrid, “y puede morir mucha más gente”. Así arrancó la hora más angustiosa de mi vida.

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Escribo estas líneas desde Puerto Príncipe, capital de la isla de Haití, antes llamada La Española. Por aquí se han cebado las desgracias. La tierra se ha abierto bajo sus pies varias veces. Todo fueron escombros, y siguen adelante con una dignidad asombrosa. En 2010 el planeta parecía que se volcaba para ayudarles tras aquel terremoto que en treinta y cinco segundos se llevó por delante 316.000 vidas. Dejó, además, 350.000 heridos. Un millón y medio de personas perdieron el hogar. Pero ahora, tras cuatro años, es evidente que una parte de la ayuda se quedó por el camino. Aterrizaron más de 12.000 ONG`S , pero quedan menos de mil en la tarea. Habrá que investigar este asunto de ayuda humanitaria, como tantos otros. Haití sigue siendo un altar de la miseria, pero en la indigencia y la penuria, este pueblo rezuma dignidad. A pesar de haber caído en el olvido hasta el siguiente drama.

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