Sí. Decepción. Porque esperábamos más. Incluso bastante más. Vale que la herencia recibida del zapaterismo fue nefasta. Es verdad. Vale que Europa manda e impone, porque hemos cedido soberanía. Es verdad. Vale que no es fácil iniciar la recuperación en un entorno comunitario en recesión. Es verdad. Vale que ha adoptado decisiones reconocidas como positivas que, esperemos, den sus frutos pronto, como la reforma laboral. Es verdad. Vale que un sistema financiero tan tocado por la mala cabeza de tantos no se arregla en un año, y pasos interesantes se han dado. Es verdad. Pero la capacidad de triturar, masacrar su programa electoral y sus promesas de tantos meses en asuntos políticos de primera magnitud contaminan todo lo demás. Ha incumplido, y por lo tanto ha engañado a todos en materia fiscal de modo insoportable. Ha superado líneas rojas como las pensiones. No tendría espacio para enumerar en esta columna todos sus incumplimientos. En materia de regeneración democrática no ha dado casi ninguno de los pasos que se esperaban. Nos ha impuesto sacrificios máximos a los ciudadanos y sigue pendiente reformar lo suyo, la Administración. Y más. Mucho más. Pero lo que ha terminado por rematar el asunto es la decisión de dejar en manos de los partidos el Poder Judicial. Hay que tener poca, o ninguna vergüenza. Así de sencillo.

Han sido años en la oposición exigiendo al PSOE  que fueran los jueces quienes eligieran a esos 12 vocales del Consejo General del Poder Judicial. Se han llenado la boca. Han hecho declaraciones, comunicados, ruedas de prensa, discursos, mítines, documentos internos, reflexiones sesudas en fundaciones que pagamos todos, un programa electoral. Se han puesto estupendos tantas veces garantizando que cuando el PP gobernara esto iba a cambiar que es una guinda inaceptable para un pastel incomible.

¿Cómo vamos a creer nada de lo que nos digan Rajoy y sus secuaces? ¿Cómo vamos a otorgarles ya ni el beneficio de la duda? Van a lo suyo, que casi nunca es lo nuestro. Ya era insoportable asistir a la amnistía fiscal mientras Montoro masacra a los que pagamos. O los indultos a los colegas corruptos y hasta a los polis catalanes torturadores. O …….

Pero esto es el entierro definitivo de la esperanza en que, políticamente, este Gobierno vaya a dar un paso en la democratización y mejora de un sistema que o se regenera o va a pagar las consecuencias. Y aquí no valen ni la herencia, ni la recesión, ni la Merkel ni la madre que los parió. Aquí son ello, Rajoy, Gallardón y el PP quienes tienen la única culpa. Prefieren su pactito con el PSOE, su parte del botín. No tienen palabra. Se quedan con la última palabra respecto a quien llegará al CGPJ. Y así controlan los nombramientos. Se van a seguir repartiendo el pastel. Es una infamia. Son infames. No se pueden incumplir más compromisos en menos tiempo. Ha quedado claro. Poder tienen. Mucho. Palabra, ninguna. Decencia, poca. Una decepción. Y las que nos quedan.