Una cosa son los titulares, que los periodistas redactamos entregados a un infame periodismo declarativo, y otra bien distinta la realidad que solo algunos colegas reflejan en sus crónicas. Los líderes de los dos grandes partidos nacionales, PP y PSOE, han sugerido en los últimos días que están dispuestos a sentarse para negociar las columnas maestras de lo que debiera ser la nueva estructura de la Administración española. Pues no, no hay indicio alguno real de que vaya a suceder tamaño acontecimiento. Ni para hablar de esa cuestión esencial ni para hacerlo de encontrar salidas a la crisis que padecemos en asuntos nucleares que nos tienen al borde del precipicio económico, político y social.

Siempre he sostenido que la principal responsabilidad del diálogo entre los partidos corresponde a quien ocupa el Gobierno. No basta con que el presidente se ponga estupendo y anuncie una intención con la certeza de que está escribiendo el titular de las portadas del día siguiente. Como no es suficiente con que el líder de la oposición se ponga más estupendo si cabe, y acepte el envite. Para que dos hablen ambos han de tener adoptada previamente la firme decisión de hacerlo. Y no es el caso.

Entre Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba no hay diálogo. Y entre el PP y el PSOE menos aún, no mantienen contacto alguno, más allá de la relación, inevitable, entre los grupos parlamentarios en el Congreso de los Diputados.

Esta no relación me parece de una formidable irresponsabilidad por parte de ambos dirigentes y partidos. Evidencia una esclerosis que tiene, además, un punto atávico muy preocupante cuando vivimos semanas trágicas en la que sería deseable más altura de miras en quienes pueden y deben, además de adoptar las medidas necesarias para remediar la quiebra, atacar el mal en su origen para evitar que el drama vuelva a repetirse. Pero no; ellos no se hablan, y te lo cuentan yo diría que casi orgullosos, como si ese autismo de unos y otros, ambos cociéndose en su propia salsa de conmilitones, constituyera un timbre de gloria, ignorantes de que acredita una incapacidad insólita y apabullante de crinar el cisco en que sobrevivimos.

Ni se han citado, ni han hablado, ni se tienen confianza ni entra dentro de sus planes inmediatos sentarse en una mesa, con la Constitución delante, para ejercer la responsabilidad que les atañe.

Y así nos luce el pelo a todos. El PP lo fía todo a lo que manda el jefe, o sea, Rajoy, y a su convicción de que cuando vean que no llega el dinero, ningún barón regional socialista tendrá bemoles para desobedecer la Ley de Estabilidad Presupuestaria. El PSOE a que los hados obren un milagro imposible y a que el Gobierno siga desgastándose en el cumplimiento de sus obligaciones. Y, como siempre, nosotros, el personal, pagando la fiesta. Que por cierto, nos está saliendo más que cara.