No cesan lo comentarios sobre los efectos del “caso Urdangarín”. Cada palabra, cada gesto, cada presencia, cada ausencia, como las de ayer en la apertura de la X Legislatura, tiene como consecuencia una catarata de comentarios. Es inevitable. Y lo que nos queda por ver.

El Rey estuvo impecable, valiente y nítido en su mensaje navideño del sábado. No escurrió el bulto, reconoció que ha habido irregularidades, reclamó ejemplaridad a quienes encarnan las instituciones, recalcó que el comportamiento de los responsables públicos debe ser, además de legal, que va de suyo, ético y defendió el derecho de los ciudadanos a ejercer su derecho no únicamente a criticar, sino también a exigir responsabilidades cuando las conductas se alejan de estas premisas básicas.

Se acercan semanas intensas en las que este asunto va a seguir copando portadas. Atención al juicio que hay señalado para el día 9 de enero, con fechas reservadas hasta el 31, en el que se sentará en el banquillo el ex presidente del Gobierno balear, Jaume Matas, en un procedimiento que es pieza separada del “caso Palma Arena”.

No se habla de otra cosa en círculos políticos, porque no son pocos quienes señalan a Matas como el hombre que tiró de la manta y colocó en el punto de mira de la investigación al yerno del Rey para tratar de evitar sus males mayores, viéndose arrastrado por unos sumarios que podrían suponerle una severa condena, aunque el diga que le absuelven seguro. Matas no está por la labor de callarse nada, niega estar detrás de las acusaciones contra Urdangarín y es consciente de que se ha convertido en persona más que non grata en los círculos monárquicos.

El problema ahora es que pueden coincidir en el tiempo este juicio contra Matas con la toma de declaración a los testigos e imputados en el “caso Noos”. La fiscalía pretende retrasarlos hasta febrero para que no se celebren a la vez que el juicio contra Matas, y ya se están haciendo gestiones en esa dirección, con el argumento de que los fiscales anticorrupción deben estar presentes en la vista oral, lo cual les impediría asistir a los interrogatorios.

Hay división de opiniones porque en el entorno de la Casa Real más de uno considera que es necesario que declaré Urdangarín cuanto antes y se proceda a imputarle o exonerarle, para de ese modo zanjar el asunto o proceder a la adopción de medidas más duras.

El Rey, que hasta el momento está actuando de modo impecable, tiene las cosas muy claras. Y sabe lo que va a hacer. Aplicando un criterio que no deja de repetir y que ojala apliquen los partidos políticos desde ahora: en el terreno de la ética las exigencias son aún mayores que en el de la ley.